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Un pueblo que no quiere morir

 

CAPITULO XI

UN PUEBLO QUE NO QUIERE MORIR


Consolidación de los federales
A las órdenes del coronel Ángel Pacheco, la vanguardia del e.iército confederado batió a las fuerzas del general Paz el 5 de febrero de 1831, derrotando a los efectivos que comandaba don Juan Esteban Pedernera y ocupando la población del Fraile Muerto. Esta infausta noticia la comunicó el gobernador Videla a Mendoza el día 8, aprestándose a resistir la invasión de Quiróga, cuyos partidarios alentaban la insurrección en el norte de la provincia. El 6º de marzo el gobierno mendocino dispuso despachar en ayuda de San Luis una división de doscientos hombres de las tres armas al mando del teniente coronel Guillermo Smith, a la vez que una fuerza de otros tantos sanjuaninos debía situarse en Quines para amagar también sobre La Rioja. Pringles, desde la Concepción del Río Cuartó, previno a Videla sobre el riesgo que corría todo Cuyo ante el avance de Quiroga, quien el 9 de marzo tomó aquella villa, denodadamente defendida por el héroe de Pescadores y el comandante Juan Gualberto Echeverría. El 15, el gobernador de San Luis pidió a la Sala de Representantes la designación de una persona en quien delegar sus funciones, ya que le era preciso ocurrir "de un momento a otro, a donde lo exigieran el sostén del orden y mantenimiento de la tranquilidad de la provincia".
En su retirada, Pringles retrocedió hasta la ciudad de San Luis, para ponerse al frente de las escasas fuerzas reunidas por Videla. Con ellas contramarchó hacia el Morro, en cuyas cercanías libró su último combate. Don José Cecilio Lucio Lucero narra así aquel amargo final:
"Después de pelear en la villa de Río Cuarto, volvió a encontrarse con el terrible general Quiroga, cerca del río Quinto, donde siendo recluta la gente de Pringles no pudo contenerla de la primera carga del enemigo, y en ese empeño inútil cansó su caballo en una distancia de tres a cuatro leguas; hasta que notando que sería luego alcanzado por el enemigo, dijo a los oficiales Navarro, Smith y otros que lo acompañaran, que se salvaran, porque a él ya le era imposible hacerlo, pues más que a la muerte, temía la ignominia de la fuga. En efecto, así que le dio alcance la gente de Quiroga en el paraje llamado Algarrobal, le intimaron rendición, contestando Pringles al oficial que la encabezada -un Fermín Camargo, creo-- que estaba rendido, que lo llevara a presencia de su general.
Pero aquél insistió en que le entregara su espada, a lo que Pringles se negó, diciéndole que sólo la entregaría a Quiroga. Entonces el aleve le descerrajó un tiro por sobre el caballo de Pringles que le servía de parapeto, logrando herirlo mortalmente en el bajo vientre, quien al caer, lo hizo sobre su espalda desnuda, que se rompió. Y acto continuo, por disposición de otros oficiales que iban llegando al lugar de la escena, al saber que el prisionero herido era nada menos que el coronel Pringles, resolvieron llevarlo a presencia de Quiroga, a cuyo efecto lo colocaron por delante con algunos soldados. En el camino preguntó varias veces ¿En estos campos no hay agua? Entonces el capitán José León Romero la procuró para dársela, viéndolo tan afligido por la fiebre de la sed que le causaba la hemorragia de su mortal herida; pero inmediatamente de beberla falleció, sin decir más palabra, en el Chañaral de las Animas, como a media tarde del 19 de marzo de 1831. Al llegar aquella comitiva al campo de Quiroga, éste -que se hallaba sentado bajo de un caldén- se puso de pie, hizo seña que cesaran las dianas y mandó colocar a la sombra el cadáver todavía caliente del infortunado Pringles y le cubrió con su propio poncho. Pocos momentos después quiso informarse de las circunstancias de esa muerte y montando en cólera al saber la conducta del teniente o capitán Camargo, le dijo: Por no manchar con tu sangre el cadáver del valiente coronel Pringles, no te hago pegar cuatro tiros, ahora mismo. ¡Cuidado otra vez, miserable, que un rendido invoque mi nombre! El domingo 20 de marzo la vanguardia de Quiroga, al mando del teniente coronel José Ruiz Huidobro, entraba en la ciudad de San Luis. Y en este punto es preciso detenerse un instante.

Juan Pascual Pringles

Hijo de don Gabriel Pringles y de doña Andrea Sosa, nació en San Luis, muy posiblemente en la misma ciudad y a poca distancia de la actual plaza Independencia. La tradición fija como día de su nacimiento el 17 de mayo, en que la Iglesia recuerda a San Pascual Bailón. Al ser oleado por fray Félix Sosa el 12 de junío de 1795, se anotó que tenía dos meses de edad. En 1812 pasó a Mendoza, donde trabajó como dependiente 'de una tienda.. A mediados de noviembre de 1814 regresó a San Luis y ellO de octubre de 1815 fue nombrado alférez de las milicias de caballería. En la sangrienta jornada del 8 de febrero de 1819 ganó su primera medalla al ayudar a desbaratar la conjuración tramada por los prisioneros realistas. Con el grado de alférez el. 8 de noviembre de 1819 se incorporó al Regimiento de Granaderos a Caballo, cuyos escuadrones se completaron y adiestraron en el campamento de las Chacras.
Durante la campaña del Perú, el teniente Pringles; fue comisionado para que, con unos quince soldados, escoltase a un baqueano que conducía comunicaciones para el Batallón "Numancia", el cual se disponía a pasarse al ejército Libertador. En la mañana del 27 de noviembre de 1820 Pringles fue sorprendido por los realistas en la playa de Pescadores, lugar cercano a Chancay. Con los pocos hombres a sus órdenes se batió valerosamente; pero, abrumado por un adversario numeroso, se arrojó al mar con su caballo, dispuesto a morir antes que declararse derrotado. El coronel Jerónimo Valdés, que mandaba las fuerzas realistas, no pudo contemplar sin admiración tanta valentía y, tras prometer le respetar su vida, le ayudó a librarse de las olas. Pringles permaneció prisionero, durante algún tiempo, en las casamatas del Callao, hasta que fue canjeado y se incorporó a su regimiento. San Martín premió su valor con un escudo de paño celeste en el que, bordado con letras blancas, se leía: Gloria a los vencidos en Chancay. Así como es justo rememorar este suceso que se tornó legendario, también es preciso desterrar la idea de que Pringles se arrojó al mar para salvar la bandera, lo que es falso. El valiente granadero intervino después en las memorables acciones bélicas de Pasco, Torata, Moquegua, Junín y Ayacucho. En 1827 y 1828 actuó en la Banda Oriental y en el Brasil. Después, a las órdenes del general Paz, peleó bizarramente en San Roque, La Tablada y Oncativo. A principios de marzo de 1831 defendió la Villa de la Concepción del Río Cuarto, sitiada por las fuerzas del general Juan Facundo Quiroga. Derrotado en el Morro y en el río Quinto, murió en el Chañaral de las Ánimas el 19 de marzo de 1831.
Don Rafael Radogna ha llevado al bronce la ecuestre gallardía de Pringles, cuya foja de servicios registra los siguientes ascensos: teniente (1º de agosto de 1820), ayudante mayor (1º de agosto de 1821), capitán (1º de setiembre de 1822), teniente coronel (31 de enero de 18U) y coronel (2ºde junio de 1829), galones estos últimos que ganó sobre el campo de batalla de La Tablada.
Han sido enumeradas, con singular prolijidad, las atrocidades que Facundo habría cometido durante los tres días que permaneció en San Luis. Sin tanto esmero -pero con más documentos- nosotros anotaremos algo de la vida en la ciudad, para que se vea quiénes transitaban las calles federales.
Comenzaremos por el padre del héroe, de quien se afirma que huyó a Mendoza al tener noticias de la proximidad de Quiroga. Pues bien: don Gabriel Pringles se hallaba en San Luis todavía a fines de agosto, y el 22, desde aquella ciudad, su yerno Juan Ruiz Ordóñez le remitía una carga de tabletas y algunos cajones de pasa moscatel.
El comercio -aquél que Facundo encontró "con las puertas cerradas", según cuenta Gez- no era tan escaso como sostiene el rígido cronista. Larga es la lista de pulperos y tenderos: Bernardino Junco, Luis Alvarez, Camilo García, Melchor Llerena, Juan Rua, doña María Argumedo, Agustín Rodríguez, Santiago Giménez, Jacinto Baras, Isidro Capdevilla, Santiago Cayrne, Patricio Sarmiento y Santiago Francisco Laborda. Otros franceses- como Carlos Bett y Francisco Demieux- compraban y vendían cueros, artículo que no despreciaba Clímaco Daract, quien trajinaba desde el Plata hasta los Andes. Proveedores de carne eran, entre otros, Esteban Adaro y José úrsulo Funes. Y detrás de negocios andaban también Cornelio Lucero, Mateo Gómez, Francisco Tula y hasta un misterioso José Antonio de Zabalía que marcaba yeguas y mulas o surtía de tabaco al gobierno.
¿ Serían algunos de estos hombres los que, al llegar Quiroga "sombrío y amenazador", "fueron a saludarle y ofrecerle la sumisión del miedo"?
Tras la caída de Videla, en forma provisoria entró a gobernar don Mateo Gómez, a quien secundaba don Juan Lamas como ministro secretario. Una de sus primeras medidas fue reclamar a las autoridades cordobesas la entrega de las armas que San Luis había facilitado al comandante José Ramón Barbosa. Asimismo ordenó limpiar de unitarios el norte de la provincia, tarea que cumplieron las fuerzas de don Prudencio Vidal Guiñazú hasta más allá de la propia frontera. El camino hacia Río Cuarto también quedó despejado con la muerte de su tenaz defensor, el comandante Juan Gualberto Echeverría.
A principios de julio, interinamente, se hizo cargo del gobierno don Pascual Peñalosa. Con la ayuda de don José Felipe Ortiz y don José Manuel Riveros llevó adelante su difícil empresa hasta el 25 de ese mismo mes, fecha en que comenzó a actuar como gobernador y capitán general el licenciado don Santiago Funes, hombre resistido por los mismos federales.
Por esos días Estanislao L6pez oficiaba al gobierno de San Luis, diciéndole:
"Ha llegado, por fin, la época deseada y feliz en que, respirando las provincias, libres del despotismo militar que las agobiaba, pueden entablar y estrechar entre sí sus relaciones amistosas".
Anunciaba como probable que las tres provincias "que aún sirven de asilo a los malvados uniformen su marcha a los votos de la mayoría, de suerte que en toda la extensión de la República Argentina se oigan sólo voces de paz, federación y concordia, a despecho de los malvados". Y contra ellos prevenía:
"Éstos, destituidos ya de medios para hacemos frente, querrán hacer valer afecciones locales y excitar prevenciones para dividimos; pero es preciso reducirlos a su nulidad completa, pues sólo así gozará el país de quietud permanente para curar las profundas heridas que ellos le ocasionaron."
A instancias del gobierno de Mendoza, el 31 de agosto Funes sometió a la consideración de la Sala de Representantes el nombramiento de Ejecutivo Nacional. El 9 de septiembre, la Sala autorizó al gobernador de la provincia de Buenos Aires para que continuase ejerciendo aquellas funciones "según y como lo estuvo el año 27". También resolvió solicitar la alianza con los pueblos litorales, designando al efecto un diputado y agente para negociar la incorporación de San Luis a la liga.
Sin embargo, la intranquilidad renació en la provincia ante el anuncio de la invasión que preparaban los caciques Rondeau; Yaquetruz y Carileu, "llamados por don Luis Videla, quien les había ofrecido el auxilio de trescientos hombres armados", según informaba don José Santos Ortiz desde Mendoza el 31 de agosto. De aquella ciudad vino entonces el oficial Lázaro Funes, recomendable por "haber extraído de poder de los bárbaros las preciosas cenizas del señor gobernador y capitán general don Juan Corvalán y demás beneméritos ciudadanos que con él fueron en el Cha-cay víctimas del furor unitario". Que no lo guiaban limpias intenciones se Vio claro ai poco tiempo, pues a mediados de octubre el gobernador comisionó a don Prudencio Vidal Guiñazú para que lo apresase, acusándolo de haber reunido gente armada para derrocar la autoridad y concluir con ella. El horizonte se oscureció aún más para el licenciado Funes cuando el 26 de octubre se sublevaron en la Estancia Grande los prisioneros que el gobierno de Mendoza enviaba a Córdoba al cuidado del ayudante don José Orosco. Este suceso arrancó al gobernador Lemos estas agrias palabras:
"Verdaderamente es una desgracia que esto haya sucedido en la provincia de su mando, y que tal acontecimiento venga a justificar el concepto u opinión que se ha vulgarizado de que en la provincia de San Luis hallan su asilo los enemigos de la Federación; sea de esto lo que fuere, en los intereses de V.E. está no perdonar sacrificio para que los referidos reos sean aprehendidos, y de este modo se desmienta el juicio que, a virtud de innumerables datos, se ha formado de V.E."
Apremiado por las bayonetas de las fuerzas encabezadas por el capitán Santos Albarracín y el comandante Casimiro Recuero -mendocino- el licenciado Funes renunció el 15 de noviembre, eligiéndose en su reemplazo a don Cornelio Lucero, quien no aceptó tan riesgos o compromiso. El mando pasó entonces a don Mateo Gómez, secundándolo como secretario interino don Pío Solano Jofré.
En vano el comandante don Prudencio Vidal Guiñazú quiso defender a Funes. Los cargos contra el licenciado fueron muchos y de ellos daba cuenta el gobernador Gómez el 26 de noviembre, en carta dirigida al general Quiroga.
Además de tener como colaboradores a antiguos sublevados, Funes "dispensaba la mayor consideración a don Eufrasio Videla, don Pedro José Corvalán, don Epifanio Quiroga y otros igualmente comprometidos en la causa de aquellos".
"De esta conducta resultó que un pequeño grupo de nueve hombres de los que habían acompañado a don Eufrasio Videla cuando hacía la guerra a sus paisanos, avanzaron al cuartel, sacaron los presos y retirándose con algunos de ellos hacia la parte del Sud, se hallan hoy hostilizando al vecindario, a las órdenes de don Pablo Videla, que también se sublevó en la Estancia Grande contra la escolta que lo conducía a Córdoba."
Destacaba Gómez que la inocencia del licenciado Funes para perseguir a los prófugos "hacía concebir a la campaña la idea de que sólo se esperaría un contraste en las armas del general Quiroga para envolver el país en los males que lo han arruinado". Finalmente avisaba que el coronel y comandante general Guiñazú se encontraba en un ángulo de la provincia -en Santa Bárbara- sin acatar al gobierno, junto con otros "que constantemente han estado en oposición al sistema de la libertad de los pueblos".
En el torbellino de las represalias, Gómez exigió contribuciones en metálico, las que debían ser entregadas dentro de un plazo de ocho horas. Asimismo puso presos a algunos comerciantes, como don Pascual Peñaloza y don Juan Barbeito'".
Las autoridades mendocinas -acaso no ajenas al derrocamiento de Funes- trataron de cortar las desaveniencias entre el gobierno interino Y: el coronel Guiñazú, para lo cual comisionaron en forma oficial a don Juan Moyano y a don Manuel de la Presilla, quiénes llegaron a San Luis, el 27 de noviembre. El 3 de diciembre fue enviada a Guiñazú ¡la propuesta de arreglo que la Sala de Representantes, el gobierno interino y la comisión mediadora acordaron hacerle. El gobernador de Córdoba don Calixto María González escribió también a los oficiales rebeldes, invitándolos a mantener la paz. Como un medio de asegurarla, el licenciado Funes fue conducido a Mendoza donde permanecería -al decir del ministro Ortiz- "sin tener lugar para ingerirse sucesivamente en las disconveniencia que hoy perturba el reposo de los habitantes de San Luis, dignos por cierto de disfrutarlo a sombras de la Federación".
El 13 de diciembre y de acuerdo con el decreto de la Sala de fecha 23 de noviembre, se ordenó la elección de dos individuos por departamento para que, "concurriendo precisamente por sí y sin la facultad de sustituir en otros, vengan a reunir el cuerpo legislativo que en la urgencia de circunstancias se hace tan necesario para la creación y nombramiento del Gobernador propietario". En la elección de representantes no podían intervenir "todos los individuos que hayan tenido armas en sus manos contra la causa de la Federación. Los electos debían apersonarse en la ciudad de San Luis, "sin excusa ni pretexto", el día 28.
Con esta fecha Gómez ofició al ministro general de Mendoza, don José Santos Ortiz, manifestándole tener datos positivos de que los confinados en aquella ciudad mantenían "mutua relación con los forajidos del Sur", por lo que solicitaba que se los trasladara a Chile, "dejando por ahora a don Santiago Funes por ser necesario para que rinda sus cuentas". Dos días después Gómez acataba la orden de continuar en el ejercicio de sus funciones, aunque hacía presente a la Representación que los indios se aprestaban para invadir "en esta luna", por lo que urgía el nombramiento de Ejecutivo en propiedad.
Los viejos papeles puntanos guardan huellas de algunos otros hechos ocurridos en 1831, así como referencias sobre modestas labores administrativas. Recordamos la prisión del conspirador francés don Pablo Duboue, el arreglo de la acequia principal de la ciudad y el novenario del Santo Patrono, con la intervención de músicos y los cantores Dionisio del Rosario y Juan Pablo Salinas. El 25 de septiembre se recibió de cura fray Benito Lucio Lucero, de la Orden de Predicadores y a principios de diciembre se festejó en toda la provincia el triunfo de la Ciudadela, que hizo aclamar el nombre de Facundo.

Rebeldías, malones y un estatuto

Ante el anuncio de concentración de indios en el paraje de la Jarilla, en los primeros días de 1832 el gobernador interino Mateo Gómez ordenó la reunión de los milicianos del cuerpo cívico, cuyos integrantes debían presentarse al comandante Santos AlbarracÍn dentro de las 24 horas, pues de lo contrario serían castigados con dos meses de prisión. Asimismo prohibió a los pobladores salir a más de seis leguas de la ciudad sin previo conocimiento del gobierno. Al coronel Guiñazú se dirigió Gómez reclamándole la inmediata devolución del armamento que se encontraba en su poder, por ser tan necesario para la defensa.
El lO de enero, desde Piedra Blanca, don Nicolás Ramallo denunció que Guiñazú se aprestaba a invadir la ciudad para deponer al gobernador. Fue entonces cuando Gómez remitió un enérgico oficio al coronel rebelde, expresándole que no ocupaba el gobierno como un intruso sino en propiedad, por nombramiento de los diputados representantes.. Añadía que paraba en su poder la comunicación que, con Andrés Lucero, Guiñazú envió a "los facinerosos del Sur" invitándolos "para que el 18 del corriente se aproximen a las inmediaciones de este pueblo para que unánimemente con usía obren en atacar el pueblo y quebrantar las leyes". y luego, muy criollamente, lo desafiaba:
"Véngase cuando guste, y esté seguro que a nombre de la patria desde este momento lo hago responsable ante S.E. el señor brigadier don Juan Facundo Quiroga y ante los pueblos hermanos, ante quienes usía se ha comprometido no dar un paso relativo al que tenía intentado cuando la deposición del señor Funes".
Guapo era también Guiñazú y no faltó a la cita. El señalado día 18, en combinación con los Lanceros del Sud, atacó la ciudad. Pero la taba no echó suerte para él: derrotado, fue tomado prisionero y diez de los rebeldes que lo acompañaban pagaron con la vida su audacia.
No por eso amainó la tormenta. y "el 30 del citado mes, al amanecer, cargaron sobre el cuartel los referidos Lanceros; pero a pesar de ser pocos los milicianos que había de guarnición y que fueron sorprendidos, defendieron valerosamente el puesto que ocupaban, rechazando al enemigo, cuyo grupo era mandado por el caudillo, criminal Pablo Videla". Mas ese mismo día avanzaron sobre la ciudad "dos divisiones de gente armada, las que en combinación con los referidos del Sud, trataban de poner en libertad al coronel Guiñazú y demás presos".
Sin fuerzas para contrarrestar el ataque y tratando de evitar los males gravísimos que amenazaban a la provincia, con el asentimiento de la Sala de Representantes, Gómez resolvió poner en libertad a Guiñazú y sus compañeros, "habiéndose él obligado a pacificar la provincia, disipando toda fuerza armada que hubiese en ella, y de hacer entregar el armamento". Por mediación de Guiñazú, el caudillo Videla se presentó ante el gobierno y la Sala, conviniéndose en que tanto él como su tropa serían indultados, previa entrega de las armas. Guiñazú lo acompañó después "hasta su campo, de donde volvió solo al otro día, exponiendo que Videla había faltado enteramente a los tratados y que ya de ningún modo se presentarían". Gómez consideró este desistimiento "más bien obra de Guiñazú" y no dejó de vigilar sus movimientos para que, en caso de faltar en todo a su compromiso, fuese juzgado "según merecen sus crímenes".
Los rebeldes acaudillados por Videla -quien contaba con agentes en la ciudad, como doña Manuela Baras y las Baigorria- movieron a la indiada para con ella atacar las estancias próximas al pueblo. Pero el 15 de marzo una partida mendocina al mando del capitán Benigno Argumedo y otra puntana encabezada por el comandante Santos Albarracín "avanzaron el campo donde se hallaba la cuadrilla de forajidos" y los dispersaron. alcanzados en el lugar de Chischaca, dos fueron muertos y uno muy mal herido. A seis más, tomados prisioneros, se les aplicó "la pena que merecían sus crímenes". Satisfecho, Gómez podía informar el 17 a don José Santos Ortiz: "De modo que no pasa de doce el número de los que han quedado, y éstos dispersos, por lo que se cree que no volverán ya a incomodarnos". En la noche del 1º de abril de 1832 la alarma de un nuevo ataque de los indios conmovió a la ciudad, a tal punto que los dos alcaldes "desaparecieron de ella sin el menor conocimiento del gobierno". La indiada asoló "los lugares del Morro, Manantial, Renca y demás inmediaciones, barriendo las haciendas de aquellos campos y cautivando muchas familias, después de haber saqueado y quemado la población de Renca, principalmente la iglesia, donde no dejaron cosa alguna". Mientras esta indiada se retiraba hostilizada por el comandante Albarracín, "otra de mayor número se introdujo por la costa del río Quinto con dirección al Pantanillo, Cerros Largos y Minas". Por ese rumbo salió a buscarla el coronel Antonio Navarro con una parte de la guarnición de la ciudad, "a ver si se consigue quitarles las haciendas que llevan los indios". "Si no se consiguiese -añadía el gobernador- es por la falta de armas que se siente en la provincia, y esto contribuirá en la mayor parte a su ruina en las presentes circunstancias".
El 17 de abril Gómez comunicó a la Sala de Representantes un proyecto del teniente coronel José Gregorio Calderón, destinado a poner la provincia en condiciones de defenderse de los malones y atacar a los indios en sus mismas tolderías. Para ello serían alistados y disciplinados todos los individuos comprendidos entre 15 y 60 años, se recolectaría las armas de los particulares y se exigiría el auxilio de caballos y ganado vacuno que demandase la campaña. El 24, reabierto el punto tras la Semana Mayor, la Sala tomó en consideración el proyecto y "halló estar muy adecuado", por lo que dejó a la prudencia del gobernador adoptar "lo útil que en él se comprende, ampliarlo y mejorarlo según le dicte su inteligencia y conocimiento, como capitán general que ha de regir la expedición".
Tras delegar el mando en el ministro Cornelio Lucero, Gómez salió a la campaña el 27 de abril con el propósito de adoptar providencias contra posibles invasiones, deteniéndose en Santa Bárbara, lugar donde el comandante Guiñazú seguía haciendo valer su influencia. En esa población fue fusilado el 15 de mayo el teniente Lázaro Funes –quien mandaba la escolta del gobernador- acusado de varios hechos escandalosos. En la sentencia tal vez haya pesado el recuerdo de sus fallidas intentonas anárquicas en contra de las autoridades puntanas.
El desorden, más fuerte que el plomo que silenciaba las gargantas, extendía sus espinosos retoños. Así lo denunciaba don Juan Lamas desde Ojo del Río el 30 de mayo, diciéndole a Gómez "que las armas que se le han mandado pedir a usted de estos lugares no las remitiese, porque presumo que hay gato encerrado". Pocos días después –ello de junio y con una carta fechada en Piedra Blanca- el comandante Santos Albarracín disimulaba mal sus intenciones manifestándole al gobernador:
"Noticioso que el general López le ha declarado la guerra a Buenos Aires y a nuestro general, me ha sido de necesidad comunicárselo para los fines que le convengan, pues creo que no hay una duda por haber salido en los papeles públicos; y tengan usted gran cuidado con uno que tiene a su lado, que yo le diré quién es, cuando yo vaya; y tenga usted entendido que soy suyo en toda distancia y trate de mandarme algunos paquetes (de balas) y al mismo tiempo haga trabajar muchas lanzas."
Mientras el diligente Lamas hacía volar chasques para avisar que la revolución se había descubierto del todo, el gobernador Gómez enviaba a Quiroga copia de la comunicación de Albarracín y le comentaba así:
"Por ella verá el señor general que dicho oficial toma el pretexto de haber abierto la guerra el señor general don Estanislao López, para poder sorprender al que habla y entregar la provincia en manos de los aspirantes que no cesan de trabajar para ello, aún por conducto del mismo Albarracín."
En la noche del 13 de junio una partida leal sorprendió al comandante rebelde y, después de quitarle las armas, le obligó a refugiarse en Córdoba, donde no le faltaban adictos o tolerantes. El 17 Gómez felicitaba al capitán Pedro Núñez por haber derrotado la fuerza de Albarracín, cumpliendo así cuanto le prometiera al general Facundo Quiroga "de obedecer y respetar las autoridades constituidas".
El anuncio de una nueva invasión de indios -dado por el comandante de la villa de Río Cuarto, don Francisco Reynafé-- obligaron a movilizar las fuerzas puntanas al mando de don Antonio Navarro quien las distribuyó en la Estanzuela, en los Algarrobos, en el Rosario y en el Chiquero, tratando de impedir que la indiada se internara en el valle del Conlara. Sin embargo, en los primeros días de julio los indios burlaron una vez más a los defensores y en tres gruesas divisiones devastaron las estancias del Pantanillo, Rincón del Carmen y Santa Bárbara. El 12, desde la Estancia Vieja, Navarro daba cuenta de este desastre e informaba que los indios salían para el Rosario, donde acampaba una división que cuidaba la caballada y la chusma. El coronel Reynafé, sin internarse en la jurisdicción puntana, no dejó de ofrecer su auxilio "a la salida de los bárbaros".
Aunque brevemente, es preciso recordar ahora en qué consistió la ayuda que la provincia de San Luis recibió de sus aliadas en ese duro año 32.
Mendoza: El 9 de enero remitió 500 cartuchos a bala para fusil y tercerola y en los primeros días de marzo Pío I Solano trajo un quintal de pólvora, 2.000 balas y 400 piedras de chispa. A fines de mayo, el propio ministro don José Santos Ortiz condujo un armamento compuesto, aunque aprovechó el viaje para extraer de San Luis ganado vacuno y caballar. En julio, al tener noticias de la invasión, Ortiz manifestó al gobernador de San Luis que las tropas mendocinas marchaban a atacar a los indios y que avanzarían:
"hasta sus mismos aduares". Fray Francisco Gayoso fue comisionado en septiembre para recabar auxilio de Mendoza, pero el gobernador Molina respondio que no podía mover fuerzas sin orden de Quiroga,a quien transmitía el pedido. Don Rosano Garro, a principios de octubre, trajo dos canones enviados por Facundo. y el 6 de ese mismo mes Molina decía a Calderón:, "El señor Presidente debe estar persuadido, como lo esta el que firma, que cada una de las provincias fronterizas no se basta a sí misma para oponerse a las depredaciones de un enemigo tan insolente, y que las medidas parciales que se toman a cada momento que las invade, no hacen más que agotar los recursos que deban servir de un modo provechoso para obrar mediante una acción unida".
Córdoba: El 21 de marzo, Gómez reclamó nuevamente la entrega del armamento "que extrajeron los mandones de la administración anterior": un cañón de bronce, algunos fusiles y tercerolas, como asimismo municiones. Tras la invasión de marzo, José Vicente Reynafé manifestó que, retirándose los indios hacia el río Quinto y encontrándose la división cordobesa en las Achiras, "no tiene por ahora lugar el auxilio que se solicita, el que... pedido en tiempo oportuno, hubiese sido franqueado con el mayor placer". El 3 de octubre, el gobernador Otero no podía menos "que compadecerse altamente de la peligrosa situación en que hoy se ve aquella desgraciada provincia" y recomendaba "ponerse de acuerdo" con los jefes de la Frontera del Sud y de los departamentos de San Javier y de Calamuchita. Más el día 8, ante la certeza de la invasión, declaraba verse "en el deber primario de atender la propia provincia, agriándole sobre-manera este incidente". Pero, eso sí: también creía "urgente y oportuno" noticiar "que es una prudencia que el débil se apoye del más fuerte", a cuyo efecto el gobierno puntano podría disponer "se resguarden las familias y haciendas de aquélla en la de Córdoba".
Buenos Aires: El gobernador delegado don Antonio Navarro, con fecha 22 de abril, informó al gobierno de Buenos Aires que, en el curso de un mes la provincia de San Luis había sufrido tres invasiones, perdiendo innumerables haciendas y habiendo visto "arrebatar porción de sus habitantes sin poderles auxiliar". Decía también que, cuando el gobierno propietario se recibió del mando, "encontró sólo veinte y seis armas de chispa y nueve sables; y a pesar de esta escasez, es tal el deseo que tienen estos habitantes de defenderse, que a piedra y lazo han muerto 16 indios". Concluía Navarro pidiendo al gobernador de Buenos Aires que tendiese su mano protectora, "facilitándole el armamento y municiones que tenga a bien, reconociendo la deuda religiosamente".
Rosas contestó el 23 de mayo que se disponía "a desprenderse de algunas armas y municiones" y el 14 de septiembre expresaba: "Las armas que el gobierno de Buenos Aires ofreció remitir al excelentísimo de San Luis aún no han caminado por falta de proporción segura, pero en el día tiene la satisfacción de anunciarle que en la tropa de don José, Maria. Pereyra que marcha para Mendoza le remite ciento cincuenta sables, ciento cincuenta carabinas, cincuenta fusiles, seis mil cartuchos carabinas a bala, dos mil idem fusil y mil piedras chispa, todo encajonado; siendo el encargado de estos artículos y de hacer la entrega a S.E. el teniente coronel graduado don Jorge Velasco, que marcha también para Mendoza en dicha tropa". Sin embargo, el armamento no salió de Buenos Aires hasta el 26 de octubre y en tropa de don Luis AIvarez.
Santa Fe: En agosto, don Estanislao López prometió a Gómez remitirle cincuenta fusiles, promesa que no pudo cumplir en razón de haber sido invadida su provincia por los indios del Chaco. No obstante, ello de octubre comunicaba que, por conducto de don Andrés Villegas, enviaba "dos cajones con cuarenta fusiles largos", protestando que "en circunstancias más favorables, habría tenido un singular placer en manifestarse más generoso".
Tucumán: Don Alejandro Heredia, con fecha 22 de octubre, respondía: "por ahora, desgraciadamente, no puede ofrecer más que un número de lanzas, que siendo de la aceptación de los señores de la Junta gubernativa, se proporcionará su remisión, quedando bien penetrada de que mejorando de circunstancias la provincia que tiene el honor de presidir el que Suscribe, contribuirá con alguna suma a la compra de las armas que la H. Junta Gubernativa indica hacer".
Santiago del Estero: Al contestar el pedido hecho por San Luis, don Felipe Ibarra expresaba el 23 de noviembre "las vivas sensaciones y profunda amargura de que se halla penetrado en vista de los desgraciados acontecimientos que han tenido lugar en ese territorio digno de mejor suerte".
Concluía manifestando que el gobierno de Santiago, "Altamente sensible a los peligros que circundan a la benemérita provincia de San Luis, se halla dispuesto a solicitar a su favor la poderosa protección de los otros gobiernos que poseen toda clase de recursos adecuados y eficaces, para resarcirle de algún modo los graves perjuicios que ha sufrido".
San Juan: Comisionado por el gobierno puntano, don Manuel de la Presilla consiguió a mediados de octubre un auxilio de doscientos cartuchos a bala y cincuenta lanzas, salido de San Juan el 19 de noviembre.
La Rioja: El general Quiroga, con fecha 16 de junio, ordenó a don Jacinto Rincón entregar al gobierno de San Luis diez cajones de fusiles y dos cargas de municiones, elementos que el 12 de agosto fueron recibidos por don José María Sosa. Como Gez anota que Facundo envió unos fusiles, no está de más transcribir este informe de Calderón a Quiroga, escrito el 23 de septiembre: "Sólo de armas nos hallamos escasos, pues su número se reduce a ciento diez fusiles útiles y unas pocas tercerolas, lanzas y municiones que V.E. se ha dignado franquear de La Rioja". Las autoridades puntanas, el 17 de octubre de 1832, escribían a Facundo dándole noticias del resultado de las comunicaciones remitidas a los gobiernos de Córdoba y Mendoza "solicitando su cooperación para la defensa del enemigo bárbaro que nuevamente amenaza a esta provincia".
En dicho oficio expresaban: "De este paso ninguna ventaja se ha sacado de estos gobiernos, pues que nada prometen por su parte". Y Quiroga desde San Juan, el 30 de ese mismo mes respondía: "Cuando las provincias de Córdoba y Mendoza, que debían ser las más interesadas en la conservación de la provincia de San Luis, se niegan a auxiliarla, parece inútil cualquier esfuerzo que se haga por un particular".
La Sala de Representantes, no pudiendo ser indiferente a las funestas desgracias sufridas por la provincia y deseando poner en salvo y conservar los tristes restos que el enemigo bárbaro le había dejado, el 26 de julio dispuso una reunión de diputados de toda la jurisdicción "para con su acuerdo tomar los arbitrios que se estimen convenientes para la defensa y guarda del residuo de la provincia". Nombró también comisionados para que, en diversos lugares de la campaña, reuniesen a los vecinos y les hicieran desistir de sus propósitos de trasladarse con sus familias e intereses a extrañas provincias, "con graves perjuicios de ellos y demembración del país".
Presididos por fray Benito Lucio Lucero el 18 de agosto se congregaron treinta y seis representantes, oportunidad que don Mateo Gómez aprovechó para renunciar al cargo de gobernador, pretextando la necesidad de recuperar su salud. Los diputados acordaron entonces instalar una Junta Gubernativa "compuesta de siete ciudadanos, con su presidente sin dotación alguna, reasumiendo en ella los poderes legislativo, ejecutivo y judiciario". Integraron dicha Junta José Gregorio Calderón, José Leandro Cortés, Tomás Barroso, Feliciano Trinidad Barbosa, Pedro Herrera, Esteban Adaro y José Felipe Ortiz. Los sueldos suspendidos se destinaron a formar un fondo para armamento y con el mismo fin se crearon nuevos impuestos, aunque se liberó de pagar contribución a los integrantes de la Junta. También se activó el enrolamiento de los habitantes de la ciudad y sus inmediaciones, se ordenó la entrega de armas y municiones que estuviesen en poder de particulares y se prohibió el uso indebido de los caballos pertenecientes al Estado.
El coronel Francisco Reynafé avisó desde Río Cuarto, el 7 de noviembre, que la indiada de Yanquetruz estaba en movimiento para invadir Mendoza o San Luis. El 9 sobrevino un gran temporal y las lluvias continuaron durante dos o tres días, favoreciendo el avance de los indios que entraron por las inmediaciones del Morro y, recostándose a la sierra, alcanzaron hasta Santa Rosa. La división de Reynafé -algo más de 200 hombres- llegó el 14 a las Achiras, donde acampaba la tropa de carretas que conducía el armamento remitido por Estanislao López, el que sirvió para armar parte de la fuerza puntana comandada por el teniente coronel Pablo Lucero. Las milicias de Córdoba y San Luis enfrentaron a los indios en el paraje del Morro el día 18 al amanecer y de esta jornada "tan desgraciada como sin mérito", quedan estas referencias en el parte enviado al brigadier Quiroga.
"La repentina aparición de los salvajes y su pronta retirada no dio lugar a reunir la milicias de la campaña y sólo pudieron replegarse a la fuerza que salió de este pueblo el teniente coronel don Pablo Lucero y los capitanes don Pedro Núñez y don León Gallardo con algunos milicianos. Estos beneméritos oficiales tuvieron la desgracia de salir gravemente heridos, y su acreditado valor los ha distinguido. A pesar del empeño con que nuestros milicianos persiguieron al enemigo por precisarlo al combate, no pudo conseguirse por huir ellos del encuentro, y el mal estado de nuestros caballos no permitió darles alcance, y sólo por la división de la provincia hermana de Córdoba fueron cargados, siendo el resultado no muy favorable por haber perdido cuatro oficiales y cuarenta soldados; de los salvajes quedaron en el campo más de setenta, según los reconocimientos hechos desde donde se dio la acción hasta la distancia de tres leguas. Los demás marcharon con precipitación, dejando parte de las haciendas que llevaban." Después de este combate, el comandante don Pablo Lucero encomendó al maestro de posta del Portezuelo—don Víctor Domínguez-- vigilar el paraje por donde entraron los indios; punto del que por primera vez habían hecho uso y donde "no son capaces verlos ni los cordobeses ni los yulteros, menos los del Médano y sólo sí el del Portezuelo". Espoleados por este contraste, el comandante general de armas José Gregorio Calderón y el teniente coronel Jorge Velasco propusieron la creación de una fuerza veterana, integrada por 100 hombres de caballería, 200 cívicos de infantería y la dotación para servir las dos piezas de artillería con que contaba la provincia. Otros 50 hombres de caballería, elegidos entre los más capaces, debían acantonarse en el Morro para vigilar la frontera sur.
Aprobado el proyecto por la junta el 26 de noviembre, de inmediato se dio comienzo a la organización de las fuerzas. Junto a los nuevos impuestos aplicados a las arrias y a las tropas de carretas, creció la demanda de auxilios de ganados y cueros; estos últimos debían ser vendidos en Buenos Aires para comprar, con su importe, doscientas corazas de caballería.
El gobierno de Mendoza solicitó entonces, reservadamente, un detalle sobre los lugares donde se encontraban las tolderías, distancias, nombres de los caciques y número de indios con que contaban. Ello de diciembre las autoridades puntanas remitieron a Ortiz la "simple relación" que habían podido adquirir:
"El cacique Coronao vive en la laguna del Cuero; la distancia que dista desde el Fuerte de San Lorenzo a dicha laguna son de 37 leguas. De la laguna del Cuero a Marivil, a donde vivía el cacique Guenuin, que se cree vivirá siempre en este lugar, habrá como 20 leguas. Los caciques Yanquetruz, Parlatru y Currutipay viven más adentro y no se sabe en qué lugar, así es que no se puede estampar la distancia que hay, y de consiguiente no se sabe en qué lugar vivirá el cacique Faustino, ni menos el número de indiada que cada uno de los caciques podrá tener." Más informados debían estar los indios, pues unas cautivas fugadas de la toldería del Cuero declararon que "continuamente llegaban chasques de San Luis, dándoles parte a los caciques de las disposiciones que se tomaban en el pueblo".
A fines de diciembre la Junta expresó su alegría ante la noticia de que la guerra contra los bárbaros había sido encargada "al más benemérito y digno de nuestra confianza, al señor brigadier general don Juan Facundo Quiroga". Por esos días, asimismo, agradeció a Rosas los artículos de guerra que el gobernador de Buenos Aires remitió con el teniente coronel don Jorge Velasco y los que sirvieron para la defensa contra los indios. Luego de hacer presente la necesidad de formar una fuerza veterana, le solicitaba un empréstito y le manifestaba que, hasta entonces, la provincia nunca había contraído deudas.
José Gregorio Calderón y su secretario José Felipe Ortiz suscribieron el 24 de diciembre de 1832 una "Relación que manifiesta lo poblado y despoblado de la provincia de San Luis por las repetidas incursiones de los salvajes". Este notable documento -destinado al general Quiroga- expresa:
"Parte del Poniente: desde el Gigante a San Luis, desierto todo el sud. Chorrillo, Estancia Grande: poblado. Trapiche, toda la falda de la sierra de las Minas del Naciente; Intiguás, Pantanillo, Laguna Larga, Santa Bárbara, Arroyo de los Vilchez, Cabeza del Novillo, Cocha, Rincón de las Cañas, Arroyo de los Lobos, Santa Rosa hasta las Cortaderas; todos estos lugares nombrados están desiertos; igualmente toda la parte de esta línea al sud, desierta. Por muchos naturales de este país que están emigrados en San Juan y Mendoza, los señores gobernadores se informarán de la pequeña parte que ha quedado de población de lo que antes formaba la provincia de San Luis; y de ésta, han desaparecido emigrados casi todos los vecinos que poseían mediana fortuna. Esta verdad está demostrada por el crecido número de naturales de San Luis que al presente se hallan en Mendoza, San Juan, jurisdicción de la Rioja y la Provincia de Córdoba, adonde ha sido mucho más numerosa que en las demás la emigración de familias e intereses de esta provincia. Tal es el estado de la provincia de San Luis, que los habitantes que se conservan en ella su mayor número es por falta de proporción para emigrar, como lo han hecho los demás, y porque la actual administración no ha dejado de poner en ejecución todos los medios posibles para evitar que como el humo hubiera disipandose ya el todo de la población de la provincia.
El estado de violencia y de ninguna seguridad en que la provincia ha permanecido tanto tiempo, ha ocasionado el desorden de la multitud necesitada, y ésta ha contribuido a destruir lo que se conservaba en el corto terreno de la provincia que no han finado los bárbaros. Con este motivo todos los hombres, a la desesperada, trataban de deshacerse de sus intereses, ya abandonándolos, ya echándolos fuera de la provincia o fiándolos a los de provincia extraña; así ha venido a hacerse, por una parte, baratillo los intereses de los puntanos, y por otra, desbarato.
La actual administración de San Luis no tiene más rentados que dos escribientes -uno de gobierno y otro de aduana- que ambos ganan doce pesos mensuales, y veinte que gana un preceptor de primeras letras, que es el único que hay en toda la provincia; un piqúete para la guarnición del pueblo, que consume veinte y tres pesos semanales, la paga de diez arrobas de carne diarias a tres reales; trece reales semanales para el alumbrado y diez pesos mensuales para gastos extraordinarios de gobierno. Sumas que no alcanza a cubrir el erario de San Luis, de lo que resulta estar éste cargado de deudas."
Junto a estos materiales que ayudan a comprender la vida heroica de San Luis, es necesario colocar el "tosco ensayo constitucional y primer esfuerzo hacia la organización rudimentaria de los poderes del Estado" que los puntanos cantearon con sacrificio en su soledad incomprendida.
Creemos que en el texto recio pervive la voluntad de ser. Por eso, apartándonos de cualquier comentario, lo transcribimos palabra a palabra:
Reglamento Provisorio para el régimen y gobierno de la provincia de San Luis, formado por el Congreso de sus diputados representantes en la ciudad de San Luis a 7 de enero de 1832.
La provincia de San Luis, reunida por medio de sus diputados representantes con el objeto de nombrar su Supremo Gobierno y deliberar sobre los demás asuntos concernientes a la felicidad pública, ha dispuesto que a la posible brevedad y antes de proceder a la elección de Gobierno se forme un Reglamento provisional, por el cual deba regirse la provincia bajo la forma de gobierno federal que ha acordado entre tanto se congrega la Nación, quién señalará la forma de gobierno bajo del cual y las leyes que dictare deberá regirse. A fin de evitar, por lo pronto, el escandaloso desorden a que nos han conducido las convulsiones políticas, y penetrada de la grave necesidad de fortalecer los eslabones de la cadena que debe ligar los robustos brazos de la arbitrariedad y despotismo, para que no profane por más tiempo el sagrado recinto en que se custodia la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad, que hacen la rica herencia de los interesantes derechos del hombre. Penetrada igualmente de la funesta devastación que ha causado en el espíritu de los hombres el monstruo de la ambición que furiosamente se agita por traspasar los límites que le señala la justicia, ha creído, para acercarse algún tanto a la senda que conduce a la felicidad común, según lo permite su estado actual, la premura del tiempo y las circunstancias, debe establecer (como establece) las reglas provinciales siguientes:

CAPITULO 1º –RELIGIÓN

Artículo 1º -En virtud que la provincia de San Luis profesa la verdadera Religión Católica Apostólica Romana con exclusión de cualesquiera otra, toda persona de cualesquiera condición o clase que sea, que atente contra ella por palabra o por obra, será severamente castigada por las autoridades eclesiásticas o política; y si fuese extraño de la provincia se mandará salir de ella inmediatamente, para cuyo efecto se prestarán los auxilios necesarios a las predichas autoridades.
Artículo 2º -En razón de pertenecer los diezmos de la provincia exclusivamente a ella, se devolverán a la Iglesia para que se les dé el destino que siempre han tenido.

CAPITULO 2º -CAMARA LEGISLATIVA

Artículo 1º -En la ciudad deberá haber una Sala que represente la provincia, compuesta de siete individuos de los de más probidad y adhesión al sistema federal, con su presidente, vicepresidente y secretario, la que deberá ser nombrada por la provincia.
Artículo 2º -Será de la inspección de ésta resolver, como soberana, todos los asuntos de grave momento que le pertenezcan.
Artículo 3º -Será del deber de la Honorable Sala el reunirse un día en la semana para acordar los artículos que sean benéficos al bien de la provincia, y agregarlos a este cuerpo de ley.

CAPiTULO 3º -PODER EJECUTIVO

Artículo 1º -El Supremo Gobierno de la provincia deberá, asimismo, ser elegido por sus diputados representantes en la persona de un ciudadano hijo del país o vecino que tenga diez años de residencia en él y capital de mil pesos, lo menos, en bienes raíces o estables.
Artículo 2º -Para obtener este empleo, deberá ser persona que tenga adhesión a la causa federal adoptada por la provincia y que no sea deudor a la caja del Estado.
Artículo 3º -El tiempo de la administración de su gobierno deberá ser el término perentorio de dos años y no podrá ser reelegido hasta pasado un bienio, entendiéndose que cualesquiera función o actuación que haga concluido el tiempo de su gobierno se tendrá por írrito o nulo.
Artículo 4º -El citado gobernador deberá anunciar a la provincia la conclusión de su gobierno y convocarla para nueva elección quince días antes de su terminación, y en caso de omitirlo la provincia se tendrá por convocada en virtud de esta ley.
Artículo 5º -El gobernador electo, al prestar el juramento de estilo, agregará la protesta de cumplir y hacer cumplir fiel y legalmente este Reglamento de que se le hará entrega.
Artículo 6º -Se le pagará un sueldo con la dotación de seiscientos pesos anuales, atendiendo a la pobreza en que se halla la provincia, y cuando mejoren estas circunstancias aumentará algo más. y la dotación del ministro secretario será de treinta pesos mensuales.
Artículo 7º -Inmediatamente de haber concluido el tiempo de su gobierno y de haberse elegido el sucesor, nombrará la provincia una comisión compuesta de siete individuos de los de más probidad y justicia y conocida adhesión a la causa, para que residencien al gobernador saliente de su administración, cualquiera que haya sido, y a la que ocurrirán los agraviados (si los hubiese), los de la ciudad en el término de quince días, y los de la campaña en el de veinte.
Artículo 8º -El Poder Ejecutivo no podrá declarar guerra ni paz, ni mandar expedición ninguna fuera de la provincia, sino con acuerdo y resolución de la Sala de sus Representantes.
Artículo 9º -Hallándose en paz y tranquilidad la provincia, sólo habrá en el cuartel y piquete de diez y seis hombres para lo que se pueda ofrecer, y éste se deberá alternar mensualmente y su gratificación será la que el Supremo Gobierno estime conveniente.
Artículo 10. -Toda persona, de cualesquiera clase o condición que sea, que se atreva a atentar por medio de revolución a la autoridad del Supremo Gobierno Ejecutivo, será castigada con pena de muerte; dando por írrita y nula cualesquiera disposición que éste y sus aliados tomen en el particular.
Artículo 11. -Es de la inspección del Supremo Gobierno nombrar el ministro de Hacienda, administrador de Correos y receptor de Propios en distintos sujetos que no tengan con él parentesco inmediato.
Artículo 12. -El ramo de Propios de ciudad a su ingreso recibirá la mitad el receptor que se nombre y la otra mitad el ministro de Hacienda.
Artículo 13. -Cuando se nombrasen los jueces ordinarios se nombrarán igualmente los defensores de pobres y de menores.
Artículo 14. -La elección de los citados en el artículo anterior deberá hacerse por la Sala de Representantes de la provincia.
Artículo 15. -El ejercicio del juez de Policía, que debe haber, queda al cargo de los jueces ordinarios por no permitir las circunstancias la creación de este funcionario.
Artículo 16. -El Poder Ejecutivo deberá, a la posible brevedad, establecer una escuela de primeras letras para la juventud, cuyo maestro será el mejor que se pueda conseguir.
Artículo 17. -La dotación del dicho maestro será la de veinte y cinco pesos mensuales pagados del ramo de carne destinado para este objeto, el que será tan privilegiado que no se podrá invertir en otro destino que en éste para que ha sido impuesto; y cuando, por alguna urgentísima necesidad del Estado, se ocupe su fondo, será reconocida la deuda con preferencia.
Artículo 18. -Si por algún acontecimiento se suspendiese la escuela por falta de maestro o por algún otro motivo, el citado ramo se irá guardando en depósito hasta su tiempo en poder del receptor de Propios, quien deberá igualmente recibirlo.
Artículo 19. -Asimismo será del cargo del Gobierno Ejecutivo nombrar una comisión de tres individuos de probidad e inteligencia, cada cuatro meses, que revise la escuela y se imponga de los adelantamientos de la juventud, así en lo moral de su doctrina como en lo literal, y ponerlo en conocimiento del Supremo Gobierno.
Artículo 20. -Siendo uno de los deberes de la provincia proteger y asegurar, del modo que previenen las leyes, la vida, reputación, libertad, seguridad, propiedad de cada uno de sus individuos, no se sacarán auxilios ni contribuciones sino por el orden que establece este Reglamento.
Artículo 21. -Se tomará una cuenta exacta de todas las especies de animales mostrencos de la provincia para el servicio común y se distribuirán en todos los puntos necesarios para el buen régimen de ella, a disposición del Poder Ejecutivo.
Artículo 22. -Se señalará una comisión, compuesta de seis individuos de probidad asociados con el juez respectivo, que empadronen todos los propietarios que componen la provincia, para que en los casos de invasión de indios u otras urgencias graves, se les señale con arreglo a justicia distributiva con lo que cada uno debe contribuir.
Artículo 23. -Si antes de haberse efectuado la distribución sucediese alguna invasión de indios o alguna otra de gravedad en la provincia, la Honorable Sala de Representantes con anuencia del Ejecutivo acordarán lo conveniente.
Artículo 24. -En Jos auxilios que se deban sacar será guardando la proporción de que de cada veinte y cinco animales vacunos sólo se saque uno, y de cada seis caballos, uno; y siendo enemigo de la causa, el duplo.
Artículo 25. -El individuo que no teniendo ninguna de estas especies, pero que tenga otros intereses, se lo graduarán y sacará a proporción de ellos; y siendo enemigo de la causa, con arreglo al artículo anterior.
Artículo 26. -Ningún propietario entregará auxilio de ninguna especie sin que sea previa la orden superior, exigiendo el recibo de la especie entregada.
Artículo 27. -El Gobierno Ejecutívo tendrá especial cuidado de mandar devolver los caballos a sus dueños después de hecha la fatiga para que han sido sacados, como también de tomar una razón económica del gasto de carne que se haga para la tropa.
Artículo 28. -Serán plenamente respetados los ciudadanos y sus intereses, y no serán atropellados por persona alguna de ninguna graduación que sea; y el que se encontrase ofendido formará su queja al Ejecutivo, quien no dejará impune la infracción de este artículo; pero si no encontrase justicia, la elevará en grado de queja a la comisión de residencia.
Artículo 29. -No se podrá en la provincia fusilar ni confinar a ningún reo sin el previo proceso y sentencia legal.
Artículo 30. -Habiéndose hecho costumbre el pernicioso vicio del robo, para cortar de raíz este grave mal se impone la pena a todo el que incurra en él, desde el valor de un peso, ochenta azotes por la primera vez; y a los que reincidiesen se les aplicará penas más fuertes, las que señalará el Poder Ejecutivo, como también a los malos jueces que disimulen esta clase de delincuentes.
Artículo 31. - Queda privada la extracción de toda especie de hacienda hembra, y sólo lo macho podrá extraerse pagando el derecho de tres reales por cabeza de ganado vacuno, y del cabalgar manso o chúcaro, cuatro reales, y por el lanar un real.
Artículo 32. -Será del deber del Poder Ejecutivo, inmediatamente de su recepción, proveer en persona idónea el empleo de comándante general, como tan necesario en las actuales circunstancias; cuyo sueldo será, estando en ejercicio activo de su empleo, el de treinta pesos mensuales, y en tiempo de quietud sólo será el de quince pesos.
Artículo 33. -Por ningún pretexto se deberán ocupar en el servicio militar a los propietarios ni a sus capataces, a no ser en los casos de invasión del enemigo bárbaro.


NOTA: Los sacerdotes nombrados en la comisión al abrirse la sesión del artículo 10 del capítulo 39, sobre si debía imponerse pena de muerte a la persona que atentase por medio de revolución contra el Supremo Gobierno de la provincia, se retiraron diciendo que el espíritu de lenidad de su carácter y ministerio no les permitía concurrir a la imposición de esa pena.
Habiendo presentado a la Honorable Asamblea la comisión nombrada el Reglamento provisional de que fue encargada, y discutíose artículo por artículo su conveniencia, acordó en cuanto al artículo 2º del capítulo 1º se devuelvan los diezmos a la Iglesia desde el remate siguiente, pero que los pertenecientes a este año se cedan al Estado, en razón de haber gastado parte de ellos y necesitar de la otra parte para auxiliar la defensa contra el enemigo bárbaro que amenaza invadir la provincia. Asimismo acordó, en cuanto al artículo 32 Capítulo 3º, que el sueldo del comandante general de armas deba ser el que le asigne el Supremo Gobierno con acuerdo de la Sala de Representantes y siendo de la aprobación de los señores representantes todos y cada uno de los artículos contenidos en el expresado Reglamento, dijeron que lo sancionaban y mandaban se cumpliese fiel y legalmente por todos los individuos de la provincia, que se publique en esta ciudad en los lugares de estilo para que llegue a noticia de todos, y a la jurisdicción se manden copias legalizadas por el Gobierno Ejecutivo a los jueces de los partidos, para que del mismo modo lo manden publicar, obedecer y cumplir. Y para su constancia lo filmaron en ocho días del mes de enero de mil ochocientos treinta y dos.
Juan Lamas -Fray Francisco Gayoso -Fray Baltasar de León -Tomás Barroso -Jos




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