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Los lugares se ubicaban – según algunos estudiosos – en las riberas del Desaguadero y en el extremo septentrional preponderaban los Olongastas. Todas estas parcialidades recibieron – se dice – el influjo cultural del Incario y un rasgo común a todos ellos fue su escasa belicosidad; eran sedentarios, industriosos y pacíficos.

A propósito de la cultura incaica y el templo del sol, podemos decir que en la gran caverna se establecieron para dominar la comarca y explotar los lavaderos de oro de esta región aurífera. Ningún sitio mas adecuado que este en las faldas del Cerro Inti Huasi para elevar un santuario a ese Dios sol que majestuosamente aparece todos los días sobre las elevadas cimas del granítico anfiteatro que lo rodea esparciendo la luz y la vida en los senos fecundantes de los valles próximos.

Los indios del sur o pampas en cambio, opusieron resistencia a los blancos . Nunca pudieron doblegar a los ranqueles parientes de los Araucanos y Pehuenches , que adoptaron con habilidad al caballo. Así armados, alentados por su bravura y protegidos por el desierto, los ranqueles o araucanizados jaqueaban los poblados sanluiseños desde su origen.

Los primitivos habitantes incorporaron la agricultura, cultivaban el maíz, recolectaban algarroba y chañar de los que obtienen harinas y bebidas espirituosas , consumiendo a carne de animales silvestres. Al llegar los hispanoamericanos el número de indígenas era aproximadamente 5.000 y se encontraban distribuidos en los valles de las sierras, en el Valle del Conlara, San Francisco o a a orilla de los ríos que bajaban de las sierras como el Morro, Nogolí, Chorrillo, siempre en zonas aptas para el cultivo de la tierra.







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