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La escuela experimental encara un extenso y minucioso trabajo para certificar la calidad y sanidad de sus procesos productivos. Para alcanzar este objetivo, los requerimientos son: origen de las semillas utilizadas en los cultivos, análisis del suelo y agua, tarea del personal, control de plagas, entre otros.

“Sol Puntano” trabaja para mostrar su compromiso con el producto final, el cuidado del medio ambiente y las personas.

Asegurar la calidad y sanidad de la producción agrícola requiere de una tarea intensa y meticulosa, desde la siembra, pasando por el transplante, hasta la cosecha y su posterior venta. En este sentido, “Sol Puntano” trabaja para mostrar su compromiso con el producto final, el cuidado del medioambiente y las personas: requisitos indispensables para alcanzar la certificación en buenas prácticas agrícolas (BPA).

“Estamos en etapa de autoevaluación, ordenamiento y análisis, para lograr la certificación el próximo año. Es un proceso largo que incluye requerimientos como: tarea del personal, origen de las semillas y material vegetal utilizados, análisis de suelo y agua, control de plagas, control de riego, entre otros.

El resultado de este proceso permitirá realizar una trazabilidad del producto final. “Podremos conocer el proceso que tuvo el producto hacia atrás: cuántas jornales tuvo, qué personal trabajó, qué monitoreo se hizo, qué día se sembró o transplantó, qué intervenciones culturales tuvo el cultivo, qué día se cosechó, etc..

Uno de los requisitos solicitados para BPA es el monitoreo de plagas. “Colocamos trampas especiales sobre algunos cultivos a fin de detectar el umbral de daño en el mismo. Si está por debajo de lo normal, no fumigamos, si está por encima, hacemos uso de insecticida o fungicidas específicos para ese cultivo y esa problemática”, puntualizó.

Al respecto agregó: “Siempre se debe respetar el período de carencia en cada producto utilizado, teniendo en cuenta la curva de degradación de los mismos, lo que permite evitar cualquier tipo de residuo de los fitosanitarios en el producto final”.

 

El INTI evalúa el producto

Para chequear la aparición o no de residuo de fitosanitarios se realiza un análisis de pesticidas correspondiente en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

“Sol Puntano” envió al INTI una muestra de durazno, al que se le aplicó producto fitosanitario durante su ciclo vegetativo para prevenir enfermedades. El resultado fue no cuantificable, o sea, no se detectó ningún residuo, ni siquiera el valor mínimo.

De esta manera se confirma la degradación natural de muchos productos fitosanitarios utilizados. “Tratamos de evitar su uso, pero de ser necesario aplicamos la tecnología disponible, teniendo en cuenta siempre la información del mismo, es decir período de carencia, dosis, momento y metodología de colocación, elementos de protección de los aplicadores, etc. Así nos aseguramos que el mismo no esté presente al momento del consumo del producto final.

Finalmente se indicó que desde “Sol Puntano” lo que se busca es generar la información necesaria para el uso responsable de este tipo de productos, manteniendo los cultivos sanos y limpios de plagas, pero siempre inocuos al momento de consumirlos.