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Tiene un comedor que heredó de su padre en el barrio Rawson. Ahí los menores pueden  merendar y jugar.  En  la Fundación "Niños Felices" colaboran nueve madres.

de eldiario

Firme en sus creencias de que el fuerte siempre debe ayudar al más débil, Gabriela Balbuena, la presidenta de la Fundación "Niños Felices", les da el almuerzo y la merienda a más de 130 niños que viven en los alrededores del barrio Rawson. Además, ayuda a las mamás solteras de la zona a través de donaciones de mercadería, ropa y calzado. Sueña con un lugar propio para la fundación porque,  desde que su papá lo levantó en 1997, su propia casa es el lugar elegido para que los niños encuentren el espacio ideal para  ener un plato de comida, divertirse o simplemente, sentirse bien.

 

"Los chicos necesitan un espacio donde encuentren apoyo, porque están cansados de vivir situaciones desagradables. Sus padres  sobreviven en esta vida, porque todos los días se levantan con la incertidumbre de saber si comen o no, si tendrán el dinero para pagarle el almuerzo a sus hijos. Mi dedicación se basa en que los que vengan a la fundación se transformen en niños felices", expresó.

 

A siete años del fallecimiento de su papá, y el cierre momentario de la institución, Gabriela comenzó con el comedor nuevamente y en el 2016 pudo transformarlo en una fundación. En la actualidad cuenta con la ayuda de nueve colaboradoras, todas mamás que participan de las actividades y que decidieron involucrarse en la organización de manera voluntaria. Las donaciones las recibe de personas, instituciones, shows a beneficio y comercios.

 

"El comedor abre los lunes y miércoles de 17 a 20, para que los chicos puedan tomar su merienda, los jueves  entregamos mercadería, ropa y calzado a las mamás que se acercan y los viernes les damos el almuerzo. Los mismos niños eligen la comida que deseen almorzar ese día", contó.

 

Su casa familiar es el lugar donde los chicos comen y realizan actividades como talleres de pintura, fútbol, apoyo escolar o manualidades. "Muchos años trabajé sola. Cuando venían los niños elaborábamos el pan, cosechábamos verdura, entre otras cosas. Luego se sumaron donativos y muchos adolescentes comenzaron a ayudarnos", expresó. Gabriela comenzó con 17 chicos y ahora, explicó que la cantidad de asistentes creció y que su casa le queda chica. Por eso, el próximo sueño sería poder construir un tinglado o salón para realizar todas las actividades de manera cómoda y ordenada.

 

Gabriela, además de buscar que los niños del barrio estén contenidos, ayuda a otros merenderos de los barrios de la periferia y se involucra con las madres que llegan en busca de ayuda o simplemente una palabra de aliento para seguir adelante. "Muchas de ellas vienen con pocas ganas de vivir. Trato de darles la  seguridad a las mamás que su hijo va a tener todo lo necesario para que no le falte nada, desde un plato de comida hasta el kit escolar", aseguró, un día después de entregar útiles escolares para que los chicos comiencen de la mejor forma la escuela.

 

También se ocupa de incentivarlas para buscar trabajo. "El comedor está para ayudar, no mantenemos a nadie, es una seguridad para ellos. Ellas tienen que salir adelante por sus hijos, muchas pudieron trabajar gracias a mí y las aconsejo para que trabajen  desde el hogar", agregó.

 

Para Gabriela, el comedor es su vida. Involucró a su familia, su tiempo y sus ganas de vivir sólo para que los chicos de su barrio pasen un momento grato entre tanto mal. "Siempre nos ayudó Dios y la gente. Muchas personas solidarias se acercan a colaborar. Gracias a la página de Facebook se replican las publicaciones y recibimos donaciones", manifestó.

 

Sin duda, el legado que heredó de su padre, le trajo muchas satisfacciones y vivencias. "Soy una mamá que tengo que acompañar a mis hijos, pero no dejo de lado la solidaridad y la ayuda. Los chicos del comedor necesitan este lugar para sentirse bien y yo necesito tener chicos que tengan ganas de salir adelante", concluyó.

Semana de la Mujer: Gabriela, el




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