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Autor: Juan Crisóstomo Lafinur

POESIAS



Juan Crisostomo Lafinur



PROLOGO

Por Alberto Rodríguez Saá



En 1924, al cumplirse el primer centenario de la muerte del poeta y pensador puntano Juan Crisóstomo Lafinur, el Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires descubrió una placa conmemorativa en la intersección de la calle que lleva su nombre con avenida Las Heras.
El texto de la placa que fue redactado por el Museo Histórico Nacional dice, simplemente: "Juan Crisóstomo Lafinur, 1797-1824. Guerrero, Poeta, Filósofo y Publicista".
Las dos notas que llaman la atención se centran en la brevedad de su existencia. Una es que vivió sólo veintisiete años, ya que murió en un lamentado accidente durante su exilio en la hermana República de Chile. La otra en la relevancia que tuvo en sus distintas actuaciones, en un lapso tan corto de vida. Si bien Lafinur fue esencialmente un poeta, un educador, un filósofo, un hombre de ideas y de ideales, asumió también tareas militares y periodísticas en función justamente de la emancipación argentina y americana a la que ofrendó su existencia.
Siendo un joven estudiante en la Universidad de Córdoba había conocido a Belgrano a su paso por esta ciudad, ofreciéndole sus servicios.
Eran los años más difíciles de la campaña libertadora. En 1814 entró en el Ejército del Norte acompañándolo en aquella importante campaña. Justamente en las escuelas que abría en Tucumán ese Ejército quedaron grabadas las enseñanzas de este joven y talentoso pedagogo puntano. Pensaba que a los pueblos no sólo había que liberarlos de sus enemigos, también había que liberarlos de su ignorancia. Justamente la muerte de Belgrano, años después, habría de motivar la oda poética más famosa de Lafinur.
Pero la calidad de la obra poética y los ideales de este hombre tan notable han de hablar por sí solos en la simple lectura de este libro destinado a reproducirla. En este prólogo quisiera referirme más bien, a su vida aventurera, accidentada y breve, tan bien definida por ese estudioso de las grandes figuras argentinas que fue Juan María Gutiérrez, quien afirma que la existencia de Lafinur podría compararse "con la curva sinuosa y fugaz que traza el fuego de un relámpago".


Juan Crisóstomo Lafinur nació en el valle de Carolina el día 27 de enero de 1797. Fueron sus padres, el ayudante español don Luis de Lafinur y la dama natural de Córdoba del Tucumán -así se la llamaba en ese tiempo- doña Bibiana Pinedo y Montenegro.
En aquellos hermosos parajes de la sierra puntana pasó sus primeros años. Juan W. Gez -uno de sus principales biógrafos- dice que había recibido impresiones imborrables "de esa naturaleza agreste". El esplendor de las elevadas montañas y del misterio de los campos" habían "penetrado su alma sensible de una indefinible poesía".
Se trasladó a Córdoba para recibir educación, mostrando en la tarea una inteligencia poco común, pero también una independencia de criterio y una fortaleza de carácter que signarían su vida y que le traería no pocos inconvenientes. Sus ideales emancipadores sostenidos por una filosofía democrática-liberal modernizadora, le granjearon numerosos amigos y admiradores, pero también poderosos enemigos.
Así fue expulsado de la Universidad de Córdoba por su espíritu renovador y su carácter rebelde.
Los siguientes años de su vida son dedicados al Ejército del Norte y a la gesta de Belgrano, un hombre al que admiró sin reservas. En octubre de 1816 ya figuraba en la plana mayor del ejército auxiliar del Perú con asiento en Tucumán y en abril de1817 llega a Teniente de infantería. Piénsese que tenía sólo 20 años de edad. Para Juan W. Gez su actuación en las filas del Ejército debe verse "como un rasgo de su carácter patriótico y viril en una época en que se luchaba por altos ideales".
Cuando el Ejército del Norte comienza a desintegrarse, pide la baja y se establece en Buenos Aires, donde se encuentra con otra pléyade de argentinos interesados en cuestiones de filosofía política y moral, como su condiscípulo Juan Cruz Varela. Cuando el Colegio de la Unión del Sud, fundado por Pueyrredón, abre un concurso público para proveer la cátedra de... Filosofía, Lafinur se presenta entre otros notables concursantes, obteniéndola después de una brillante exposición.
Allí renueva las prácticas pedagógicas de la filosofía y, como ya ocurriera en Córdoba, su espíritu libre poco dispuesto a hacer concesiones, aunque sí proclive al diálogo, a la discusión y a la polémica le gana adeptos pero también enemigos, que no ven con buenos ojos sus renovadoras ideas. Juan María Gutiérrez reconoce que "el espíritu innovador que en toda época tuvo partidarios en Buenos Aires penetró en el estudio escolar de la filosofía, en el año 1819, por medio del doctor Juan Crisóstomo Lafinur".
Se puede decir que a la edad de 22 años, Lafinur se convierte, como afirman sus biógrafos, en el primero que seculariza -entre nosotros-la filosofía y su método, en tanto prepara a la juventud para la vida democrática y contribuye a formar grandes y fuertes ideales cívicos y morales. Como se ve su trascendencia no es poca.
Las resistencias conservadoras a su persona lo obligan a trasladarse a Mendoza, después de un proceso académico poco ortodoxo que lo separó de su cargo. En la provincia cuyana gobernaba otro de sus condiscípulos de Córdoba, Tomás Godoy Cruz, también "amigo de las luces" y del pensamiento modernista, allí reinstaló su cátedra filosófica, compartiendo con el sacerdote José Guiraldi la tarea de dirigir el Colegio de la Santísima Trinidad. Aprovechó su estadía en Mendoza para correrse a su San Luis natal en alguna oportunidad, dentro de las dificultades del transporte de la época.


Los últimos años de su breve vida lo encuentran abocado a sus polémicas con los sectores conservadores que no aprueban sus ideas ni sus nuevos métodos de enseñanza filosófica. La figura del exilio aparece y Chile -donde tenía amigos y admiradores desde la época de la emancipación nacional-lo acoge no sin polémicas, ya que realiza allí una activa tarea de publicista. Funda el periódico "El Curioso", con el sacerdote liberal chileno Camilo Henríquez. Después Lafinur pasó a la redacción de "El Boletín de la Industria" y luego colaboró en "El Patriota", "El Mercurio" y en otros prestigiosos diarios trasandinos.
En Chile se casó con Elena Nieto y en ese país también "encontró, accidentalmente, la muerte en 1824.
Durante toda su vida, incluso en su campaña junto al Ejército del Norte, no dejó de escribir poesías que merecieron elogio y consideración de importantes escritores de su época y de la posteridad. Una autoridad como Ricardo Rojas ha escrito al respecto de Lafinur: "Sólo un talento natural, nutrido, flexible y claro, puede haber compensado esa brevedad de su vida hasta conferirle una celebridad centenaria."
Grandes contemporáneos, como Juan María Gutiérrez, lo reconocieron: "Lafinur fue el poeta romántico de nuestra época clásica". Como filósofo y educador había sido, al decir del citado autor, uno de esos grandes hombres "que trabajó para la reconstrucción moral de la Colonia emancipada".
Un siglo después de su muerte su nombre era valorado especialmente. El profesor Roberto F. Giusti afirma que "La historia de la evolución mental argentina quedaría incompleta si en ella no hiciésemos un lugar a Lafinur". Admira el citado Giusti a "ese adolescente puntano, que sin alcanzar a doctorarse porque su temperamento y sus convicciones se lo impedían, después de haber sido soldado en los ejércitos de Belgrano, bajó a Buenos Aires para traer a nuestras aulas su inquietud, su rebeldía y su anhelo renovador" .
En el diario "La Nación" de Buenos Aires, de fecha 22 de enero de 1955, B. González Arrili le dedica una extensa nota titulada "Una gran vida efímera", destinada a salvar del olvido a la figura de Lafinur, tanto como a destacar el papel del Ayuntamiento y el Cabildo de Mendoza que condenaron al exilio al joven poeta y pensador, signando su existencia. Se pregunta González Arrili adónde hubiera llegado la magnitud de la figura de Lafinur si no hubiera debido sufrir el exilio y la temprana muerte. Sigue en ese sentido la línea argumental de Juan W. Gez, para el cual "si Lafinur no hubiera sido obligado a expatriarse, hubiera llegado con el tiempo a ser el pensador más original y fecundo de su época".
Con orgullo editorial presento este tomo con la obra poética de Juan Crisóstomo Lafinur. Más allá de las inevitables discusiones ideológicas que su figura y su accionar pueden despertar, es indudable que se trata de uno de los hombres más representativos, no sólo de la historia de San Luis, sino también del espíritu independiente, anticonformista y Progresista que caracteriza y expresa a los puntanos.


CANTO ELEGÍACO
A LA MUERTE DEL GENERAL DON MANUEL BELGRANO

Por qué tiembla el sepulcro, y desquiciadas
Sus sempiternas losas de repente,
Al pálido brillar de las antorchas
Los justos y la tierra se conmueven?
El luto se derrama por el suelo
Al ángel entregado de la muerte,
Que á la virtud persigue: ella medrosa
Al túmulo volóse para siempre.
Que el campeón ya no muestra el rostro altivo
Fatal á los tiranos; ni la hueste
Repite de la Patria el sacro nombre,
Decreto de victoria tantas veces.

Hoy, enlutado su pendón, y al eco
Del clarín angustiado, el paso tiende,
y lo embarga el dolor: ¡dolor terrible,
Que el llanto asoma so la faz del héroe!...
y el lamento responde pavoroso
"Murió Belgrano" ¡Oh, Dios! así sucede
La tumba al carro, el ay doliente al viva,
La pálida azucena á los laureles!

Hoja efímera cae! tal resististe
! Al noto embravecido y sus vaivenes!
La tierra fría cobra sus despojos,
Que abarcará por siempre; mas no puede
Campeón ilustre! atleta esclarecido!
La mano que te roba, hollar las leyes
Que el corazón conoce; el jaspe eterno
Tu nombre mostrará á los descendientes
De la generación que te lamenta.
La Patria desolada el cuello tiende
Al puñal parricida que le amaga
En anárquico horror; la ambición prende
En los ánimos grandes, y la copa
Da la venganza al miedo diligente.
Aun de Temis el ínclito santuario
Profanado y sin brillo; el inocente,
El inocente pueblo, ilustre un día,
Á la angustia entregado; el combatiente,
Sus heridas inútiles llorando,
Escapa al atambor; el país se enciende
En guerra asoladora que lo ayerma;
Asoma la miseria, pues que cede
La espiga al pie feroz que la quebranta,
Y, ¿ora faltas, Belgrano?.. Así la muerte,
Y el crimen, y el destino de consuno
Deshacen la obra santa, que torrentes
Vale de sangre, y siglos mil de gloria,
Y diez años de afán!...Todo se pierde!
Su celo, tu virtud, tu arte, tu genio,
Tu nombre, en fin, que todo lo comprende.

Flores fueron un día, marchitólas
La nieve del sepulcro. Así os lamente
La legión que á la gloria condujiste:
Con tu ejemplo inmortal probó el deleite,
La magia del honor, y con destreza
Amar le hiciste el tesón perenne,
El hambre angustiadora, el frío agudo...
Suspende, ¡oh, musa! y al dolor concede
Una mísera tregua. Yo lo he visto
Al soldado acorrer que desfallece,
y abrazarlo, cubrirlo y consolarlo,
Ora rayo de Marte se desprende,
y al combate amenaza, y triunfa y luego...
Qué más hacer?.. El desairar la suerte,
y ser grande por sí; ésta no es gloria
Del común de los héroes; él la ofrece
En pro de los rendidos, que perdona.
Ora al genio se presta, y lo engrandece:
Corre la juventud y á la Natura
Espía en sus arcanos, la sorprende,
y en sus almas revienta de antemano
El germen de las glorias. Oh! quién puede
Describir su piedad inmaculada,
Su corazón de fuego, su ferviente
Anhelo por el bien? Sólo á ti es dado,
Historia de los hombres: á ti que eres
La maestra de los tiempos; la arca de oro
De los hechos ilustres de mi héroe,
En ti se deposita: recogedla,
y al mundo dadla en signos indelebles.

Y vos, sombras preciosas de Balcarce,
De Olivera, Cabot, Martínez, Vélez,
Ved vuestro general, ya es con vosotros;
Abridle el templo que os mostró valiente.
Tucumán! Salta! pueblos generosos!
Al héroe de Febrero y de Setiembre,
Alzad el postrer himno; mas vosotras,
Vírgenes tiernas, que otra vez sus sienes
Coronasteis de flores, id á la urna,
y deponed con ansia reverente
El apenado lirio; émulo hacedlo
De los mármoles, bronces y cipreses.



CANTO FUNEBRE A LA MUERTE DEL GENERAL DON MANUEL BELGRANO

Obruit audentem rerum gravitas que ,nitorque,
Nec potui coepti pondera ferre mei

Ovid. ex Ponto




Adónde alzaste fugitiva el Vuelo,
Robándote al inmortal infortunado,
Virtud, hija del Cielo?
Quién ayermó tu templo inmaculado,
y tu antorcha apagó? Dinos adónde
El voto te hallará del varón justo?
Un eco pavoroso ¡ay! nos responde:
"Olvidó para siempre al mundo injusto;
Al túmulo volóse, allí se esconde"
y el justo lo sintió; que en su alta mente
Vio las desgracias que la Patria llora,
y antes que ella lloró, vio de repente
Gemir los bronces, do el buril pronuncia
Los nombres de los hijos de la gloria;
De luto el estandarte que antes fuera
Prenda de la victoria;
Ronco el tambor glorioso
Que predicó el combate y las venganzas;
y al héroe que animoso
Vió su sangre correr en mil matanzas,
y viólo en faz serena,
Hoy postrarse al dolor, darse á la pena.
Aun sintió más: en bárbara alegría
Los abismos hervir, y las pasiones
Del mundo apoderarse con fiereza;
De la guerra fatal la chispa impía
Avivar es su afán, y con presteza
La copa tiende el miedo á la venganza
Traidora é impotente;
Mientras que la ambición más insolente
Avanza hasta el terrible tabernáculo;
El velo despedaza, escupe el ara;
Truena la guerra, y mil desastres para,
y mil sepulcros abre. La cuadriga
En carro de serpientes arrastrada
La densidad rompiendo
De una nube de crímenes preñada,
El paso se abre, y en los aires zumba,
Un grito pavoroso, á que responden
Los Huecos de la tumba;
Grito fatal con que ella se recobra:
Murió Belgrano; consumada es la obra.
Y es verdad? El oráculo espantoso
Terminaría aquí? Bárbara suerte!
Acabó la virtud! Polvo y ceniza
Caen en el rostro que la misma muerte
( No logró conturbar! La tumba triste
Por una Ley precisa.

Es el último carro de los héroes!
Sea: Y qué resta, muerte, al triunfo impío,
Si el valor es difunto;
Qué resta ya, sino cambiar al punto
En sepulcro la Tierra, divorciando
Al tiempo y á la vida para siempre!!!
Sol, que ves nuestro luto; ilustre padre
De la Patria y la luz; tú, que reinando
En las regiones do sus lindes puso
La inmensa creación, viste las glorias
Del héroe que á tú causa reservaste:
Testigo del contraste,
Que lo ahoga y lo devora:
Cárdeno el labio, trabajosa el habla,
Al cielo alzando las deshechas manos,
Se rindió á un paroxismo... Americanos
Un cuadro tan terrible, y tan sublime
Os faltó ver; entonces clamaríais:
Nuestra Patria no vuelve á los tiranos;
Vuela el tiempo sus alas empapando
Del excelso vivir en las corrientes,
Hasta secarlas todas;
Belgrano ya no alienta; oh! qué elocuentes
Son sus miradas lánguidas, sus formas
Escuálidas y tristes!
Así descansa el ave hermosa y pura
Sus plumas y matices recogiendo,
Pronta á volar á la suprema altura
y mostramos sus alas derramadas,
De oro y azul celeste salpicada.

Héroes de nuestro suelo,
Que habéis volado de la gloria al templo,
Á la tierra dejando
Sangre, gloria, virtud, fama y ejemplo;
Ved vuestro General: corred el velo
A las doradas puertas, mientras tanto
Nosotros, con desvelo
Visitaremos la urna para darle
Tributo eterno de amargura y llanto.



ODA


A LA ORACIÓN FÜNEBRE PRONUNCIADA EN LA IGLESIA CATEDRAL DE BUENOS AIRES, POR SU PREBENDADO DR. VALENTIN GÓMEZ, EN LAS EXEQUIAS DEL GENERAL D. MANUEL BELGRANO

.

No tiene poco de héroe el que
sabe alabar dignamente a los que lo son.
Un escritor americano.

Era la hora: el coro majestuoso
Dio á la endecha una tregua, y el silencio,
Antiguo amigo de la tumba triste,
Sucedió á la armonía amarga y dulce;
La urna solitaria presidía
La escena que canta hoy, la musa mía.

Que las virtudes que en su tomo andaban
Velando su tesoro, y dando al cielo
Su llanto, su esperanza, y sus amores,
Al púlpito volaron: sus acentos
Dulcísimos sonaron; los oyeron
Los hombres... y de serlo se dolieron.

Cuándo más dulce la verdad fue oída?
Cuándo sus rayos más apetecidos?
Y cuándo más acerba nuestra pena?
Y cuándo nuestra pena menos dura?
Milagros tuyos, orador divino!
Del corazón tu lengua halló el camino.

El pueblo suspiraba, hasta tu frente,
Un canal misterioso se veía
Desde tu boca hasta él. Avara el alma
Se guarda tus palabras, cual si fuesen
Las reliquias del héroe que encarecen.

Un cuadro de virtudes delineado
Por quien sabe sentirlas; de virtudes
Por quienes Clío aún no ensayó su trompa,
Ni la historia sus páginas, fue dado
A tu expresión feliz, dechado entero
De lo bello, lo tierno y verdadero.

No á la mísera Safo retrataste
Herida de un ingrato, ni de Ariadna!
Los suspiros; ni lágrimas de Dido
Tu pincel esfumara regalado;
si al mausoleo penetraste triste,
con mayor causa que Artemisa fuiste.
Aquí á la Patria en su desdicha hundida,
Mostraste, señalando la urna avara,
Y quién no fue el primero á apresurarse
Para tenderle el brazo?.. el patriotismo
Dijo á la Fama: "Un héroe se ha acabado,
y en su pérdida mil han asomado".

Momentos fugitivos! oh! que vuelva
El dolor que nos diste! torna á vemos
Envanecidos de glorioso llanto.
hiérate el dolor; tú nos hiéras
Con su espada y la tuya; que fue entonces
Mengua de tu poder no herir los bronces.

Centellas que despide el entusiasmo
Y que apaga el sollozo... reticencias
Más elocuentes que la lengua misma...
Tiernas interjecciones, usurpadas
Del sentimiento á la dialecta grave,
Leyes son con que el arte triunfar sabe.

Mas te bastó tu causa; sus prodigios
El cielo sólo los obró en tu boca;
Si la sombra del héroe fue presente
A tu dolor sublime, qué contento
Diciendo á su silencio tornaría:
Os Vivo Aún, Querida Patria Mía!

Pero el tiempo... cruel! y cuál se engaña
El hombre en su consuelo! Vuela el tiempo...
Nuestra dulce ilusión, nuestra esperanza
Se han acabado ya! Despierta el alma
Á su afán anterior, y se estremece,
Y la verdad apura, que aborrece.
Tú nos dejaste al fin, pero dejando
En nuestras almas la virtud hermosa;

Así oscurece el sol, porque á otros climas
Vaya el torrente de su lumbre pura;
Así la rosa cuando dulce expira,
Descarga su fragancia en quien la mira.

Viva en nosotros tu Oración Sagrada
Como el fuego de Vesta; orgullo sea
De las divinas letras; pesadumbre
De los tiranos; ornamento digno
De la Patria; que al Héroe honra mil veces
Más que mármoles, bronces y cipreses.



LA CAIDA DE LAS HOJAS Et ecce ego morior


ELEGÍA DE M. MERVILLE


El otoño cubría
Con los tristes despojos
De las selvas la tierra.
No era ya misterioso
El bosque, ni se oía
Al ruiseñor quejoso.
Un joven desgraciado
(Mas antes venturoso)
Corría estos lugares,
Amigos deliciosos
De sus primeros años,
Y ahogado en tierno lloro
Exclamó desolado
Tras un suspiro ronco:
"Adiós, bosque querido,
"Yo muero; lo conozco;
"Vuestro luto es mi luto;
"Que en cada hoja que al soplo
"Del viento cae, yo miro
"El presagio horroroso
"De mi temprana muerte,
"Oráculo espantoso.

"De Epidauro! hasta ora
"Retruena aquí en mis oídos:
"Las hojas de los bosques,
"Me dijo pavoroso,
"Amarillarán una...
"Una vez á tus ojos,
"Y esta vez es postrera.
"El ciprés tenebroso
"Cubre, y más temprano
"Que el fugitivo otoño
"Te abarcará la tumba.
"Tu juventud bien pronto
"Va á disiparse; aun antes
"Que del prado orgulloso
"La flor expire, y antes
"Que los cerros fragosos
"Den cristal á la tierra,
"Yo muero. Es cierto todo:
"Lo he visto disiparse
"Cual rayo presuroso
"Mi bella primavera,
"Mis días venturosos;
"Cae, ¡hoja débil! cae,
"Y oculta ahora á mis ojos
"Este horrible camino:
"Oculta, yo os lo imploro
"A mi angustiada madre
"El sitio lastimoso
"Do posaré mañana;
"Pero si la que adoro
"Viniese desolada
"Cual suele á estos contornos,
"Y en el sitio echa menos
"Al que su amor hermoso
"Le hizo en tiempos más dulces
"El mortal más dichoso,
"Entonces, bosque amigo,
"Te conmoverás todo
"Para que yo despierte;
"Mas si no"... Aquí el copioso
Llanto el habla le sella
Vio el bosque, remirólo,
Y enhiesto de pena
Bajo un roble hizo un hoyo,
y robado á la tierra
Esperó congojoso
Cayera la última hoja,
Cayó... un clamor sonoro
Avisó su silencio,
Eterno y espantoso.
Su amante en este día
No visitó, cual otros
La piedra solitaria,
Y nadie, sino solo
El pastor inocente
Turbó con gratos tonos
Del pobre mausoleo
El eternal reposo.



LA AMISTAD SONETO


Amistad es amor; pero su llama
Arde sin consumirse. Esta luz pura,
Soplo de la virtud, mientras más dura
Más el alma sostiene, más la inflama.
En el llagado corazón derrama
El bálsamo dichoso con que cura
De un amor insensato y sin ventura
Cuando en su auxilio la razón le llama.
Es fina, pero libre de ansias crueles;
Celosa sin rivales, está exenta
Del desamor probar las duras hieles;
La virtud ha tomado por su cuenta
Perpetuar la fe, las ansias caras
Que dos almas juraron en sus aras.



EL AMOR

Es llorar y gozar; rabia y ternura;
Delirio que á prudencia se parece;
Una hoguera encendida que más crece
Mientras más se resiste a bravura.
Un amante es enfermo que no cura;
Pero con sus mismas llagas de envanece;
La soledad le agrada y la entristece.
El tiempo es corto y largo, tarda y dura.
Se halla solo en la estancia concurrida;
Si se le habla responde fastidiado;
No hay cosa que no vea parecida
Al objeto que causa su cuidado:
Qué es amor, se pregunta? Yo concluyo.
Vivir un alma en cuerpo que no es suyo



LAS VIOLETAS LETRILLA


Celoso fui á Lise
ayer tarde, mas ella
jamás tan apacible
la vi., ni más serena;
su calma hacía insulto
á mi fatal tormenta;
me habla... no le respondo,
me replica... se queja,
vaya! no pude más,
al cabo dile cuenta
del furor que me ahogaba,
de mis ansias funestas,
y ella con una risa
(de aquéllas que usan ellas)
la mitad picardía,
la otra mitad terneza,
me dijo: vaya lorito,
déjame, no lo creas;
su mano llegó al pecho
y me dio unas violetas
que las había tomado
en esa misma siesta;
Qué marchitas! Qué tristes
estaban! presumiera
que las pobres floritas
estaban medio muertas;
mas qué engaño! borrachas
habían estado apenas
de sorber tanto tiempo
de su pecho la esencia;
probélo yo en mi daño,
pues, al querer olerlas,
también quedé borracho,
y más borracho que ellas.



FABULA QUE TIENE MUCHAS APARIENCIAS DE VERDAD, SOBRE EL NÚMERO 2 DEL CURIOSO, EN QUE HABLAN UNA SEÑORA VIEJA, UNA NIÑA y UN VIEJO.

Vieja.-  Niña, qué estás leyendo?
Niña.-  Es el Curioso. Qué cosas tan bonitas! Tía mía!
Vieja.-   Algún versito tierno y amoroso!
         Oh, tiempos! Dios me valga! Oh, picardía!
         sin duda algún ocioso majadero
         escribe semejante bobería.
         Deja, muchacha, ese papel: no quiero
         que leas esas cosas. Vete al punto
         al aposento y toma el soturero.
         Esto se da á la prensa! Bello asunto
         para ocupar el tiempo y la inocencia!
Niña.-   Pero, mi madre, acaso (yo pregunto)
         De lo que aquí he leído hay diferencia
         á lo que se nos dice todo el día?
         Los hombres no nos muelen la paciencia
         diciéndonos en prosa vida mía,
          qué garvo! qué primor! y qué hermosura!
         y todo lo demás que es letanía?
         Un bello verso nuestro genio apura,
         y acaso por hallar lo que gustamos
         preceptos encontramos de finura,
         De genio y de moral. Si discordamos
         en el particular, es solamente
         porque si á buena ley lo examinamos
         mi interés es del suyo diferente;
         á cambiarse del todo está sujeta
         nuestra pobre razón...
Vieja.-   Oh, qué insolente
         estás niña esta vez! Dime, indiscreta,
         en qué eres diferente de tu Tía?
Niña.-   En tanto que mi amor á Vd. respeta,
         también Vd. mostrarse debería
         indulgente conmigo; mi hermosura;
         mis años, mis placeres, mi alegría
         pasaron por Vd.; y estoy segura
         que Vd. sintió lo mismo que yo siento.
         En un tiempo también se me asegura
         que curiosos hubieron más de ciento,
         que Vd. no dejaría de la mano;
         yo á éste leo con gusto, y me contento
         (Pues nuestro corazón es siempre vano)
         en los triunfos que obtiene la belleza;
         lo demás no me importa, ni me afano
         del aire en observar la ligereza;
         ni los demás secretos investigo
         que avara reservó naturaleza.
         Estas cosas, mi tía, como digo,
         no son de mi interés: mas me persuado
         de que muchos lo son. Lo que es conmigo.
         De mi solo interés y mi cuidado
         son ciertos secretitos de hermosura,
         que el Curioso galán nos ha apuntado.
         Quién creyera! mi tía: hay una untura
         que causa un blanqui-rojo primoroso.
Vieja.-   Calla, muchacha: ésa es una locura:
         Vaya, que es un bribón el tal Curioso!
Niña.-   Si lo ha hecho, Tía mía, la Anastasia;
         no la vió Vd. ayer? de tan hermoso
         rostro jamás ha sido; aunque su gracia
         de toda la tertulia es aplaudida.
         Una opiata de célebre eficacia:
         Para los dientes. La agua encarecida
         de virginal belleza... Soberanas
         cosas! Yo estoy con ellas aturdida;
         secreto para hacer negras las canas!!!
         pero esto de saber no solicito;
         que es para las matronas ancianas...
Vieja.-  Haber, hijita, léeme ese puntito...
Niña.-  Hay otro más sublime, Tía mía,
         mucho más importante y exquisito,
         Que promete limpiar á toda Tía
         el arrugado rostro, aunque sea yesca
         o nuez resecada en pulpería.
Vieja.-  Que no sea agua fuerte, y que aparezca
         mi pelo como choclo!
Niña.-   de esos secretos, Dios me libre! Buena pesca
         hacen los quinquilleros de los pesos
         haciendo cerda el pelo...
Niña.-  No, señora.
         Vd. lleva el temor á los excesos:
         el remedio citado sin demora,
         ! apenas que lo supo doña Cata,
         lo ha hecho con buen suceso y tiene ahora,
         el pelo, que antes era hoja de lata.
         blando azabache, terciopelo suave.
         Ello le habrá costado poca plata,
         Porque ella es una pobre (Vd. lo sabe).
Vieja.-  Oh, bendito sea Dios! Quién lo creyera!
         mientras una más vive... lo que cabe
         "En el saber del hombre... presumiera
         de que me hacías burla, á no .haber visto
         á mi comadre ayer. No como quiera,
         fué que yo lo extrañé... no, no resisto.
Viejo.-   Ni yo puedo sufriros, charlatana! .,
         quién puede tolerar, por Jesucristo,
         que lo que aborreciste, torpe y vana,
         aplaudas,ahora sin discernimiento!
         Así es vuestra moral, ciega y tirana;
         Queréis hacer un grande documento
         de virtud, lo que place á vuestro gusto,
         Así es el mundo bárbaro: entre ciento
         Apenas hallarás e un hombre justo,
         que imparcial examine lo qué vea:
         Quien se erige hoy en un censor adusto,
         y una obra condena; ó porque sea
         contraria á su placer, ó porque la halla
         superior á su alcance, y á su idea.
         Yo soy viejo, pero á esta triste valla
         no llegué todavía. El Dios piadoso
         me libre por favor de esta canalla...
         Haber, chica, léeme el tal Curioso,
         Quizá algo nos dirá del reumatismo!!!
         Oh, qué sabio, qué cuerdo y cauteloso
         ! es aquel escritor que al tiempo mismo
         que al sabio le complace, al necio instruye;
         y que para sacarlo del abismo,
         toca sus intereses, y lo imbuye,
         quizá halagando su fatal torpeza.
         así con mano igual da y distribuye
         placer y utilidad en una pieza;
         y si sabe enseñar austero y grave,
         deleitar dulce y blando también sabe.



Juan Crisóstomo LAFINUR

LOS OJOS
Perdona, Delia, al punto
Que vi tus ojos lindos,
Casi me resolviera
A castigar los míos.
No sé qué de crueles
Les encontré, y esquivos
De veras: por si acierto,
Declarase el motivo.
Yo miré mi esperanza
Menor que mi delirio;
Mi corazón turbado
Pero mis ojos fijos
¿Se hablaban con los tuyos?
Oh! qué bien prevenidos
Los míos estarían,
Para decir cariños!
¡Qué cosas se dirían!
Ya me lo he presumido,
Estando mi alma en unos,
Y en otros mi destino,
Volaba la esperanza
En alas de un suspiro,
Hasta perderse altiva
En tus encantos mismos:

Tornaba á envanecerme
si acaso por descuido
E indeciso me vieras
¡Momentos de delirio!
¡Qué fue de mí! ¿te acuerdas
Del día en que solitos .
¡Oh cielos! nos miramos?
Menos que de continuo
Brillar sentí tus ojos,
Mas su fuego era el mismo.
¡ Languidez misteriosa
Robada al albedrío¡
Embarazo elocuente!
¡Quién copia tus hechizos!
Baja la vista al suelo
En ademán de sumiso
El cuerpo en una inercia
Parecida al fastidio;
Las rosas en su frente
Subidas de improviso
Y el pecho que se ondea
Con primeros latidos:
Un suspiro que empieza
Por otro interrumpido;
Un mirar casi ciego,
Nubloso y encendido...
Amor! veme en tu trono;
Placeres, sed conmigo;
! Fortuna! que mi nombre;
Se borre de tu libro;

Feliz¡ por siempre exento
De tus ciegos caprichos,
En los ojos de Delia
Tengo yo mi destino.



A ELLA

LETRILLA

Divinidad amable
de toda alma sensible!
Á ti sola es posible
sobre libres reinar.
Mas entre tantas gracias,
delicada hermosura!
te falta la blandura:
cosa bien singular!
Tu semblante es divino,
primoroso tu ingenio,
pero tienes un genio
que no puedo sufrir.
Mira así á los serviles
enojado, te ruego,
de tus ojos el fuego
no podrán resistir.
Si los rusos te viesen,
nieves no les valieran,
ni confundido hubieran
al pobre Napoleón.
Y si el patrio estandarte
tu mano tremolara,
triunfante se paseara
del Sud al Septentrión.
Ojos como los tuyos
trastornan batallones;
ni sirven los cañones,
el sable, ni el fusil.
¿Mas por qué desdeñosa
eres también conmigo?
soy acaso enemigo?
soy acaso servil?



A LA LIBERTAD DE LIMA ODA

Hasta allá donde llega el himno patrio
Quiere alzarse mi voz: valedla, cielos!
¡Dios del verso y de Delos,
Dios de la Patria! En tu fulgor divino
Arda por siempre irrefrenable el alma;
Prenda en mi sien tu rayo, y el destino
Y las glorias diré del Mundo
Salud, hijos de Febo!
La virtud hoy las rosas amontona,
Do posará por siempre vuestra lira
Que ya os señala el genio que os inspira
De laureles sin sangre una corona
Cantad la Patria y la virtud amada,
Cantad la salvación, que ya aherrojada
En el Averno la crueldad se mira;
La libertad alzada
En trovas de oro, la virtud vengada
De tres siglos de oprobio! ¡Oh, ved cuál frena!
Sus estragos el bronce! Cuál resuena
El himno augusto de la paz querida;
Con el heroísmo aprisionó la guerra

Que candados de hierro, y para siempre
Tendió su brazo al hombre, y de la tierra
Se encargó la virtud: ved que la fama
¡Al romper su clarín omnipotente,
No hay más que un héroe solo,
Gritando va de un polo al otro polo,
Pueblo araucano, las hermosas naves
Una mirada atroz al noble pueblo
Lanzó y precipitóse.
Y el Cacito abarcólo para siempre.
Salud, ínclita Heliópolis! El rostro
Gozosa alzad al Héroe esclarecido
Que asoma en vuestras calles, noblecido
El laurel se le ofrece generoso;
Al escuadrón glorioso.
Limeños, contemplad; ved esos pechos
Usados al trabajo y á la gloria,
Y en ellos hallaréis el precio justo
De vuestra suerte venturosa y grande.
¡Oh fausto día de eternal memoria!
¡Oh, júbilo inefable! "En acabado,
Dijo el Rimac frenando su corriente,
Mi presagio feliz; no será dado
Mientras mis aguas dore el sol ardiente,
Hollar á los tiranos mis arenas".
Y alzando sus espadas, pudo apenas
Al héroe saludar y retiróse.
La fama entonces tras el astro hermoso
Que la nueva llenaba al Occidente
Voló, y fué más allá y resonoroso

Dió el grito: es libre el Sud é independiente.
¡Cuánta mudanza! Qué universo nuevo
Llena mi fantasía! Arrebatado
Á una Nación contemplo hermosa y grande,
Que al rol de las antiguas se coloca,
Y ellas blandas la miran. .
Sierras alzadas con el dedo toca
Y en oro se convierten; les señala
Países inmensos do natura había
Arcanos aún ignotos, desgarrada
La cortina eternal que los cubría.
¡Cuánta gente reposa infatigosa,
La inhabilitada tierra! Cuál resuenan
Los hondos valles que antes silenciosa
La augusta Ceres visitar solía.
La industria es exaltada; al alto solio
Presentes son sus nobles pensamientos.
Se reproduce el nombre
Bajo un clima feliz; sus sentimientos
La dulce religión, las sabias leyes,
Reglar supieron elevando el alma;
Las luces se derraman y revienta
La virtud en los blandos corazones.
¡Cuántos Régulos! ¡Oh! cuántos Solones,
Ilustres van creciendo!
Y al par de los Ulises cual asoman
Los Homeros divinos!
Vos lo seréis, oh! genios peregrinos
Que con verso de luz, cítara de oro
Cantasteis de la Patria los destinos,

Vivid, vivid; Y mientras se amontonan
Los bronces que han de dar á la memoria
Los nombres imborrables
De los héroes del Sud, cantad su gloria;
Cantad su gloria que será la nuestra,
Cuando una misma estatua muestre al hombre
Que aún no nació, su nombre y vuestro nombre.



HIMNO PATRIOTICO

CANTADO POR EL COLEGIO DE MENDOZA, LA NOCHE DE SU FUNCIÓN DRAMÁTICA CELEBRANDO EL ANIVERSARIO DE MAYO (1822)

Coro
Viva el ilustre día,
Viva la hermosa edad,
Que tras la tiranía
Nos dio la libertad.

La Patria á las naciones
Muestra hoy el rostro hermoso,
Y el genio poderoso
Les traza un mismo rol:
"Sed libres" las Naciones,
Le dicen, más remotas:
"Tus cadenas son rotas,
Ilustre hija del So1".
Coro
Entre afanes y penas.
Dispuso la fortuna
Que tuviera su cuna
La libertad del sud;
Por romper las cadenas.

Sufrimos sus reveses;
Ella nos faltó á veces
Mas nunca la virtud.

Coro Cuando Chile oprimido
Sin libertad zozobra,
Cuyo prepara la obra
De su restauración;
Atenta á su gemido
No hay riesgos que sean grandes
Que aún se abrían los Andes
Al "ya es" de la legión.

Coro
Pero el caudillo al frente
De las legiones fieles
Desprecia estos laureles
Buscando nuevo afán;
Resuelve, en su alta mente
Los cuidados que anima.
Tus genios: ¡Oh gran Lima!
Su sien coronarán.

Coro
Á los héroes que fueron
¡Oh Lima! entre venganza,
Cuyo les dio su lanza,
Y su inmortalidad;
Si tus grillos rompieron

Con virtud y fortuna,
En Cuyo ved la cuna
De tu felicidad.

Coro
Del saber la alta lumbre
Ilumina hoy al mundo,
Y con grito el más profundo
Se oye que dice así:
No haya más servidumbre,
Hombres son los colonos
Dice, y mil altos tronos
Desplómanse por sí.



REIMPRESlON A UNA SEÑORITA

Leyendo dulces novelas
Que están respirando amores,
Aprended á hacer favores
Puesto que tan hábil sois.
Bella, pulida, elegante,
Y como Venus graciosa,
Aprended de aquella diosa
Á tener buen corazón.
Por, ser de genio piadoso
Y por su blanda ternura,
Fue adorada la hermosura
En la culta antigüedad.
Tuvierais en Grecia altares
Como en mi pecho, señora,
Demostrando al que os adora
Dulce sensibilidad.
Si madre naturaleza
Os doy tantos atractivos,
Mirar con ojos esquivos
No es natural, ni es razón,
Guardad del sistema antiguo,

Os pido entre amargas penas,
Solamente las cadenas
Con que atéis mi corazón,
Para dominar nacieron
Las bellezas araucanas,
Pero no han de ser tiranas
Pues aman la libertad.
Dejad la dureza odiosa
Para despóticos reyes;
Imponed, señora, leyes,
Leyes de amabilidad.



LENGUAJE DE CIERTOS PATRIOTAS DEL DIA

Que ruede la bola
Sea tuerto ó derecho,
¡A mí qué me importa!
Yo en nada me meto.

________

-"Diz que no hay hacienda"
-¿Qué me importa á mí eso,
Cuando á mí el Estado
No me debe medio?
-"Que el comercio gime
De enormes impuestos"
-Eso á mí me alegra,
Que el guarda es mi yerno.
-"Que el país está pobre".
-Para eso yo tengo.
-"Que expira, que muere"
-Dios lo haya en su reino.
Qué llueva, qué truene;
Tranquilito y quieto,
¡A mí qué me importa!
Yo en nada me meto.

________

-"Diz que de reformas
Trata el Ministerio".
-Si á mí me dan algo
Muy pronto estoy á ello.
-"Diz que la justicia
se ha subido al cielo".
-¡Lesos! No hay justicia
Mejor que un empeño.
-"Diz que los ladrones
Nos dejan en cueros".
-No andar en la calle
Y se acabó el riesgo.
Á mí no me roban
Mis verdes talegos;
¡Á fe que la tierra
Sólo sabe de ellos!
Lo demás, señores,
Para mí es de menos,
¡Á mí qué me importa!
Yo en nada me meto.

_________

-"Diz que los Ministros,
Diz que los Gobiernos
Mataron, robaron,
Y se quedó en eso.
Que la residencia
Se quedó en veremos
Unos por... ¡quién sabe!
Otros por... dar tiempo;
Unos que... engañados;
Otros que... inexpertos;
El Tizón... qué malos;
El clamor... qué buenos;
¡Á mí qué me importa!
Yo en nada me meto

__________

-"Diz que ciertos mozos
Dicen de los viejos
Que son ignorantes,
Fanáticos recios,
Y que ellos la culpa
Tienen de este enredo,
Y de que la Patria
Valga real y medio.
-Aquí sí me enojo,
Porque no hay remedio.
¡Bribones! ¿Qué saben
los mocosos necios?
¿Acaso estudiaron
En aquellos tiempos
En que se lucía
El latín y el griego!
¡Canallas! ¿Qué saben?
Tres ó cuatro términos
Sacados de libros
Prohibidos y obscenos;
Pero han aprendido
La esencia del cuerpo,
La sustancia media
El mutuo comercio
El conceptus ad,

El in, ab interno,
Las Recopiladas,
El Vinnio, El Digesto?
¿Gastaron acaso
Seis años y medio
En la Teología
Buscando misterios,
Entendiendo autores,
Cotejando textos?
¡Charlatanes! Ahora
Nos sacan los sesos.
Con Economía,
Derechos del pueblo,
Ilustración nueva,
Formas de gobierno,
Reformas de todo,
Ciencia de comercio,
De leyes, de rentas,
Y otros mil enredos;
Y los picarones,
Cierto! van cundiendo.
Pues, amigo, á la obra,
Nosotros tenemos
Una contramina
Para esos perversos.
Desacreditarlos
Será nuestro intento,
Corramos la fama
Por todos los pueblos
De que son herejes'

Que son hechiceros,
Que son fracmasones,
Que son esto... aquello...
Demos este paso;
Si no surte efecto
Entonces, amigo,
No hay otro remedio
Que entrarse en la casa
Como un recoleto,
Y decir como antes,
Con cierto misterio:
¡Á mí qué me importa!
Yo en nada me meto.



LOS PELUCONES

No ya la horizontal y gorda rosca
Que robaba el derecho á la guedeja,
Ni aquella bolsa cuadrilonga y tosca
Que la tiesa madeja.
Del Pelucón cogía
Y en coludo chicote convertía,
Formando con los bucles, polvo y sebo
La más bella argamasa...;
Ni tampoco la airosa y linda traza
Del hidalgo, ya viejo, ya mancebo,
con el ancho volante de gualdrapas,
Y las doradas chapas
Del chupín, y manguillas
Que iban á conversar á las rodillas;
Ni el zapato angular de terciopelo
Con aquel pico que amagaba al cielo,
Y á los tres picos del sombrero armado
Y de plumas rodeado,
Daba un cuarteto hermoso
Para cerrar la pieza
Desde pies á cabeza.
Bajo de plan más bello y armonioso
No es ésta la figura

Del Pelucón del día;
Ni el libro de la gran genealogía
Cuelga hoy de la cintura
Cual en tiempos felices
En que más nobles cuando más narices.
Hoy más sencilla y familiar se ostenta
La Peluconería;
El herraje del día
Fuera para los rancios una afrenta.
Vestido negro en líneas diagonales,
Por un lado de ojales,
Y por el otro de botón de seda;
Un cufó que se enreda
De cadenas colgado,
Y en media luna el espadín trocado;
Calzón corto, zapatos á la inglesa,
Y siempre en la cabeza
Elástico á dos vientos;
He aquí los ornamentos,
Ainda mais la medalla y los bastones
De nuestros Pelucones,
Que han dado ya en la treta
De no gastar cajeta,
Porque, en vez de polvillo, se aficionan
Á los ricos fetores
De corrupción, y á todos los horrores
Que á Santiago inficionan
Con tan cruda edentina,
Que merece el despacho de letrina
Universal del mundo.

El mismo Pelucón siempre anda inmundo,
Porque lavarse en ellos es pecado,
Como es en cualquier otro andar aseado.
Cual en común desgracia los rivales
Se buscan los amigos
Y contra los comunes enemigos
Se constituyen tales,
Así los Pelucones
Que antes se disputaban los blasones
Y en guerra continuada
Sobre sus ascendencias
con terrible etiqueta y competencias
Ocupaban su vida sosegada,
Y el caudal que heredaron
En Madrid malgastaron
Por conseguir ejecutorias bellas
Que los hagan bajar de las estrellas,
Y que los autoricen
Para arruinar una familia entera,
Y con mano severa
Á pobres inquilinos esclavicen;
Hoy que la ley iguala
Al noble y al plebeyo,
Y que Mario y Pompeyo
Deben subir por una misma escala
De mérito y virtudes,
Según sus aptitudes,
Al premio suspirado,
Y que en ambos el vicio castigado
Será del mismo modo;

Ya todo Pelucón quiere ser godo.
¡Godos! pero no es éste aquel godismo
Que abiertamente nuestra causa ataca:
Es la sorda matraca
De un necio fanatismo
Para contradecir todo lo nuevo,
Calificarlo de libertinaje
Y derramar la rabia y el coraje
Donde sus rayos no penetra Febo
Sobre cualquiera plan é instituciones
Que no sea el sostén de Pelucones.
Así es que ellos desechan la lectura
De todos los periódicos del día,
que tachan de herejía
O de frivolidad y travesura;
Mas saben colocar en un retablo
Al Rancio y Los Apóstoles del Diablo
Que algunos monasterios
Ya en la baja de dotes, depositan,
Y con ciertas visitas se ejercitan
En los altos misterios
De leyenda tan santa y provechosa,
Ella sola es capaz de que ya en Chile
La maldita basura se aniquile,
Y se extinga la peste contagiosa
De erisipela negra, que lo acaba,
Desde que la empeñosa policía,
Que en el sistema antiguo no campeaba.
Nos ha sumido en tanta porquería.
Tal es la policía en esas manos,

Aptas sólo á calarse la peluca,
Y ajustarla á la nuca
Que jamás calentaron los arcanos
De las útiles ciencias,
Y á la cual sofocaban las pendencias
Graves é interesantes
De cuatro cabildantes
Que el primero de enero
Empeñaban las fuerzas de su esmero
Por sacar un alcalde
Que las chinganas persiguiese en balde.
¡Qué cosa tan benéfica al Estado!
¡Viva el Ayuntamiento!
Con que él exista, Chile está contento,
Comercio y artes todo reanimado,
Y los campos brotando cosas raras.
Son varas de virtud aquellas varas
Vueltas hoy en bastones
Creadores de las grandes producciones
Que traen tantas ventajas al tesoro;
Arreglan el erario.
Y sin más que rezar un buen rosario,
Vierten sobre la Patria el siglo de oro.
¿Para qué sirven los economistas
Ni eso de leer las reglas de gobierno?
Las pelucas harán al país eterno,
Lo harán más rico que los alquimistas.



BRINDIS EN UN CONVITE EN CELEBRACIÓN DEL 9 DE Julio

Como Amor se sentó en Amatonte,
Prefiriéndolo á todo lugar,
En el ópimo y plácido Chile
Se asentó la feliz libertad.
Fue Natura quien le hizo su templo
Circundado de sierras y mar,
Derramaron semillas los dioses,
Flora quiso su clima soplar,
Son alfombra los valles floridos,
Son los Andes el trono y altar,
Es la lámpara el sol, y el incienso
De sus hijos el voto inmortal.



OTRO BRINDIS EN EL MISMO BANQUETE

Cuatro constelaciones en el cielo
Hoy aparecen de figura extraña:
Al mediodía corre el astro hermano
Y por el norte se atraviesa el águila.
De fenómeno tal nadie adivina
Los efectos, los modos y las causas;
Se aturde el necio, el sabio es el que dice
Colombia y el Perú ,Chile y Bonaria.



EL FANATISMO

¿Cuál es ese monstruo fiero
que ha devastado la tierra,
declarando al justo guerra,
Y ensalzando al embustero?
¿Quién el que al hombre sincero
le calumnia de ateísmo?
El fanatismo.

¿Cuál es la causa fatal
de la falta de instrucción,
de haber tanto motilón
Y de propagarse el mal?
¿Quién el de que un animal
nos elogie el servilismo?
El fanatismo.

¿Cuál es el que á los tiranos
protege en sus agresiones,
Y fomenta disensiones
entre amigos y entre hermanos?
¿Quién el que á los ciudadanos
les extingue el patriotismo?
El fanatismo.

¿Cuál, el que á la libertad
la mira siempre con ceño,
y en destruirla hizo empeño
con una falsa piedad?
¿Quién hizo que iniquidad
sustituyese al civismo?
El fanatismo.

¿Cuál ha sido el instrumento
para oprimir al virtuoso
y para que el poderoso




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